¡Ay Perú!.. ya no me duelas tanto.

Quien hubiera podido escribir un libreto tan dramático para cerrar las eliminatorias sudamericanas, se me ocurre que solo podía haber sido Alfred Hitchcock. Quien pudiera haberse imaginado el que millones de sudamericanos estuvieran en las tribunas de los estadios, viendo a sus selecciones y al tiempo, el tener que saber el resultado de los otros por la radio o smartphone, solo podía pasar por la lúdica mente de Shakespeare.

Quien de los 33 millones de peruanos que en la noche del martes 10 de octubre, no hubiera sufrido lo indecible, inimaginado o escrito, que el partido empatado a 1 contra Colombia, solo podía compararse con ese tan febril mágico-realismo del que alguna vez nos supo contar el ”Gabo” García Márquez.

Y es que, Perú no le encontró la vuelta, porque Colombia lo supo maniatar. Un encuentro que, semejándose al entarimado de las cuerdas, en que, en el ”infaighting” boxeril, la narrativa del mismo nos iba marcando y mostrando a un cuadro cafetero mejor plantado, más cuajado, a contramano de su par incaico; que lucía el nerviosismo y la falta de soltura. Un match en el que -a priori- , el que perdía, probablemente no tendría ya más otra oportunidad.

Un partido por tanto, para ser amarrado, trabado, disputado, con pocas alternativas de riesgo sobre los arcos. Una Colombia, con más rodaje, con los años y experiencia que le daban sus recientes participaciones mundialistas, y por el otro, con un Perú tratando de enmendar la plana consigo mismo. Porque una cosa era haber aguantado bien el resultado en La Bombonera, pero ahora, se tenía que ser protagonista; pero, so riesgo también, de perderlo todo en una. Porque, había que estar advertido, que en las alturas de Quito, al compás de la partitura de Messi y compañía, le torcían el brazo a la escuadra ecuatoriana, y de paso, se embolsicaban esos 3 puntos para terminarse metiendo terceros.

Porque, otro tanto se iba dando en el choque entre Brasil y Chile, en donde los bicampeones de América caían batidos 0-3. Y entonces, lo peor, el más surrealista escenario para la oncena peruana, era el saberse perdedor sobre los ’55 del complemento, con un gol feucho, bien torreja, de mal rebote, por parte del combinado colocho, en los pies y definición de James Rodriguez.

Había que saber sufrir, porque era el sino de ser peruano en esta eliminatoria, porque quizás así estaba escrito desde un principio. Porque la apuesta por ese quinto cupo de la repesca (a validarse en partidos de ida y vuelta el 6 y 14 de noviembre frente a Nueva Zelanda), para el intento del rentreé a la copa del mundo, calzaría para que, en ese libreto de alta dosis de sublingual, se sucediera el cobro de una jugada peligrosa sobre el área colombiana, a los ’75 minutos y cobrarse como tiro libre indirecto.

Tenían que darse dos toques al balón…Y entonces, la picardía, la criollada, el achori tan peruano en el Guerrero de todos, a una, a lo ”Fuenteovejuna” ; y es Paolo GUERRERO, quien patea directo al arco. No era gol si el arquero Ospina no se movía, pero, éste también es presa de los nervios, se muñequea y la toca, un cachito, casi nada…y sirve -involuntariamente-, para que el juez Sandro Ricci, lo valide.

Es la paridad en el Nacional de Lima. Seguimos estando vivos. En Brasil, el ‘Scratch’ ya horneó a Chile, que no puede hacer ni siquiera el gol del descuento, el que lo podía haber metido en esa quinta ubicación. En Asunción, el batacazo dado por Venezuela al vencer por la mínima diferencia al irregular conjunto paraguayo, que no podía ya sumar los 27 puntos.

Quien pudiera haber advertido que finalmente, la eliminatoria de la CONMEBOL para el mundial de Rusia 2018 terminaba con tal grado de dramatismo, que, el repechaje mismo -cosa curiosa-, nos remite en un juego de palabras si se quiere, al tener que acudir a la semiótica francesa del “repêchage”, el cual deriva del verbo francés para indicar “volver a pescar“, y que se utiliza con el mismo sentido que le damos en español, como es el otorgar a un participante de una competencia una nueva oportunidad.

Adentro entonces, los cariocas en virtual paseo con 41 pts, los uruguayos con 31 (que hicieron lo suyo 4-2 frente a los boliches), los argentinos con sus exactos 28 puntos que les devuelven el superego, y los colombianos con 27 unidades para el cuarto cajón directo a la cita mundial rusa. El Perú con 26 pts en esa quinta casilla (no hay quinto malo dicen), a la espera y en la salvaguarda de la última esperanza, a finiquitarse en el tan ”bendito” repechaje contra los Kiwis de Oceanía. Una espera, en el libreto inimaginado e insufrible para el retorno peruano a una Copa del Mundo, nada menos que en las lejanas estepas rusas, tan, pero tan ansiada, que solo era comparable a los recónditos enigmas del ser y la nada de la dialéctica sartiana.

Carlos Suárez

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