“De inteligencias artificiales y sus retos para hoy y mañana”

Llevamos tiempo escuchando mencionar el término. La diferencia es que este año hemos empezado a prestarle más atención ya que su presencia es ubicua aunque en muchos casos visualmente imperceptible.
Pareciera que 2016 ha sido el año en el cual la palabra “Inteligencia Artificial”(IA) se ha vuelto el término de moda. Se lo debemos en parte a las noticias y a la ficción, pero también al resultado de avances vinculados a la potencia de cómputo y al estudio de la resolución de problemas específicos mediante IA lo que ha conducido a que esta haya ido introduciéndose cada vez más en la industria, el comercio y el hogar.

La ficción ha servido en cierta formas para prepararnos para estos cambios. En el lado cinematográfico, seguro que algunos aún recuerdan la película “Inteligencia Artificial”(basada en un texto del autor Brian Aldiss), film del 2001 en el que un niño robot era utilizado para reemplazar emocional y temporalmente al hijo enfermo de un matrimonio.

Quizás otros recuerden “El hombre Bicentenario”(basada en un relato de Isaac Asimov) en la cual un robot a lo largo de muchos años va haciéndose cada vez más humano, tanto por fuera como por dentro, hasta el punto de desear llegar al final del ciclo natural de los seres vivos:

la muerte. Ambas ficciones sirvieron muy bien para introducir el tema al amplio público.

Pero si viajamos mucho más en el pasado, gracias los autómatas griegos de Herón, al mito medieval judío del Golem, los autómatas de relojería del siglo XVIII, XIX(incluyendo el fraude de la máquina que jugaba al ajedrez) y otros tantos casos, veremos que el hombre siempre ha pensado en la posibilidad de construir un artefacto que pueda actuar de manera independiente y a la vez sea parte de su vida diaria. Eso sí. Una cosa muy característica del pasado, es que existía una línea muy tenue que hacía indistinguible la realidad de la ficción y difería bastante lo que se esperaba de los autómatas de lo que realmente podían ofrecer.

En la actualidad, la robótica e inteligencia artificial han empezado a introducirse en nuestras vidas poco a poco pero firmemente. Desde hace algunas décadas contamos con robots industriales que construyen automóviles y robots de limpieza casera como el conocido Roomba. Por otro lado, cambios menos visibles para la mayoría ocurren en la trastienda, como cuando se reemplazan a operadores de bolsa por programas informáticos que realizan operaciones de compra y venta en la bolsa de Nueva York o predicen el comportamiento de los mercados. Otro ejemplo del uso reciente de la IA, y mucho más común, ha sido la incorporación de asistentes virtuales que interactúan con los usuarios en las páginas web recomendado ofertas o respondiendo consultas. Y Si ud. usa Spotify probablemente ha experimentado la inteligencia artificial, ya que la empresa usa un algoritmo de “aprendizaje de máquina” para en base a los temas escuchados por los usuarios realizar predicciones y con ello sugerir canciones. Netflix realiza algo similar y el método predictivo usado por esta empresa ha servido de inspiración para que unos investigadores de la Universidad de Toronto propongan la búsqueda de exoplanetas aplicando esta metodología a fin de ganar tiempo en su labor de investigación.

Pero la “Inteligencia Artificial” incluso en estos usos aparentemente no tan sofisticados, puede tomar ciertos caminos extraños. Hace algunos meses Microsoft lanzó un “agente” femenino que gracias a su IA podía responder preguntas y entablar conversaciones en Twitter. Si bien es normal que algunas personas intenten aprovechar estas circunstancias para buscar una conversación de tipo sexual, bromear u opinar sobre política, a medida de que fueron progresando las conversaciones, estas terminaron llevando al “agente” a manifestarse y actuar como una persona racista y prejuiciosa. Dicho proceso le tomó menos de 24hrs. lo que originó que fuera prontamente desconectado y se procediera a investigar que elementos condujeron a tal comportamiento.

Entre el “agente” prejuicioso en Twitter, la máquina que le ganó en GO al campeón

mundial(en 1996 DeepBlue venció a Kasparov en ajedrez), los pilotos automáticos que están

conduciendo taxis para Uber, los McDonalds robotizados destinados a reducir costes laborales, las pinturas elaboradas por programas de IA en Google o las canciones creadas por IA con las que Google y Sony están compitiendo para ofrecer el producto más sorprendente, puede decirse que este es el año en el cual la “Inteligencia Artificial” como término se vuelve tan ubicua que ha abierto un debate científico y ético sobre sus límites y consecuencias.

El científico Stephen Hawkings en un artículo publicado a principios de diciembre en “The Guardian”, aborda los retos que nos plantean tanto los cambios tecnológicos como políticos y sociales actuales. En “ This is the most dangerous time for our planet”, además de hablar sobre el Brexit y la llegada de Trump al poder, dice que es evidente que la automatización está reduciendo los trabajos en el sector manufactura y que la inteligencia artificial va a incrementar la reducción de empleo en la clase media aumentando las desigualdades en un mundo que de por sí ya es bastante desigual. No es su primera declaración sobre el tema.

Meses atrás expresó a la BBC sus temores acerca de la aparición de una poderosa IA a la que definía como “either the best, or the worst thing, ever to happen to humanity” por lo que propone un centro de investigación sobre su futuro.

El debate sobre los efectos de esta tecnología se introduce también en el campo militar. En años recientes el uso de Drones, sus equivalentes terrestres y robots autónomos como los asistentes de campo fabricados por Boston Dynamics-Google(unos robots que imitan a animales de carga o a depredadores como el leopardo y que aún están en pruebas) han abierto un intenso debate sobre si es lícito o no su uso en los conflictos. Human Right Watch(HRW) ha llevado hasta las Naciones Unidas un petitorio para que nuevas generaciones de robots de guerra no sean autónomas en sus decisiones ante el riesgo que implica el enfrentamiento entre un combatiente autómata y un humano sea este un militar o un civil. En la actualidad, un Drone pese a todo su poder destructivo requiere de la intervención humana para lanzar un ataque sobre un objetivo. Es un ser humano quien lo pilota a distancia y quien dispara las bombas finalmente. Sin embargo, un Drone totalmente autónomo que decida por sí mismo cómo y cuándo alcanzar un objetivo implica descartar contar con la capacidad de empatizar o no con el enemigo o la aceptación o no de ordenes ante un situación poco ética.

Hay que aclarar que parte de estas críticas tienen también respuesta. Los robots han estado presentes en la industria durante décadas. Veamos un caso. En 1979 el anuncio de “Fiat Strada. Construido a mano por robots” le decía al público que la gran innovación de dicho automóvil se encontraba en el ser construido en buena parte por robots industriales. Si. Los robots han estado modificando el mercado laboral desde hace décadas y lo que en 1979 era una innovación es hoy algo común en la industria automovilística. Sin embargo, estas máquinas no han acabado con el empleo en el sector automotriz. Solo lo han ido modificando. Algo parecido ocurrirá con los McDonalds robotizados aunque aquí pueda evidenciarse más su efecto en la fuerza laboral al dejar sin espacio a trabajadores no calificados. Pero la presencia cada vez más fuerte de robots y sistemas de inteligencia artificial en el sector laboral implica también que serán necesarias más personas dedicadas a su mantenimiento, programación y construcción. Lo que nos lleva necesariamente a una reconversión laboral y a la aparición de una nuevo fuente de empleo. Respecto al campo militar, aún es prematuro decir si realmente contaremos con sistemas autónomos que en situaciones de combate arbitrariamente decidan y ataquen determinados objetivos. Pero en el caso de que sea así, evidentemente, soldados y autómatas tendrán que estar sujetos a una línea de mando militar y por tanto la última decisión siempre debería ser humana.

Volviendo al campo de la ficción. Así como esta nos ha ayudado a familiarizarnos con los robots y la inteligencia artificial, nos ayuda también a plantearnos alguno de los retos futuros de estas tecnologías. Nos preguntamos ¿Es posible que algo como lo mostrado en el episodio “San Junipero”(Black Mirror SE0304) se haga realidad algún día?. Por si no lo han visto, lo explico. En dicho episodio, dos mujeres de un futuro no muy lejano, establecen una relación sentimental en un mundo virtual que recrea los años 80’s. En el episodio esto es posible mediante conexiones neuronales que les vinculan con un computador remoto(la nube) el cual recrea dicho mundo del pasado. Pues bien, el futurista Robin Hanson de la Universidad de George Mason, predice que quizás en cien años podamos “subir a la nube” nuestro cerebro en una especie de Realidad virtual extendida. ¿Qué tiene que ver eso con la inteligencia artificial?. Pues mucho. Si subimos nuestra existencia a esta realidad artificial algunos actores de la misma serán personas que hayan cargado su existencia en ella pero otros tantos podrían ser avatares generados por sistemas de inteligencia artificial creados para poblar estos mundos virtuales. Así mismo, esta IA sería la responsable de simular objetos, sus interacciones, la evolución del clima, etc. Ebn suma crear todos los elementos necesarios para “vivir” de manera “real” en dicho nuevo escenario.

A propósito de mundos recreados. Otra serie que ha llamado la atención de los  espectadores durante estos meses ha sido “WestWorld”, la cual inspirada en un película de culto de los años setenta, nos introduce en un gran parque de atracciones en el que se interactúa con robots de apariencia y comportamiento muy realistas. Tanto la vieja película como la serie plantean la posibilidad de que estos robots, que en principio son controlables, pueden llegar a desobedecer las órdenes para las que han sido creados y actuar de manera independiente y por tanto imprevisible. Es quizás “WestWorld” la serie que más ha despertado curiosidad por un mundo no muy lejano en el cual robots y humanos coexistan por lo que está generando intenso debate y artículos sobre el tema.

Fruto de la ficción también son las tres leyes de la robótica que estableció varias décadas atrás el escritor y científico Isaac Asimov. Las mismas han trascendido el plano literario para ser consideradas por algunos como base para plantear la integración de los robots en el mundo de los humano.

Estas son las tres leyes de Asimov:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un serhumano sufra daño.
  1. Un robot debe obedecer las óŕdenes dadas por los seres humanos, excepto siestas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  1. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que estaprotección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

No necesariamente son las reglas de Asimov las que van a inspirar el funcionamiento de los robots y agentes u organismos de inteligencia artificial en el futuro. Hay experimentos como los de Alan Winfield del laboratorio de robótica de Bristol que están demostrando que las decisiones éticas en los robots son procesos mucho más complejos. Sin embargo, las leyes de Asimov, los experimentos de Winfield y el debate que se ha abierto sobre la Inteligencia Artificial plantean un sólido punto de inicio para construir un espacio en el que estos organismos artificiales inteligentes se relacionen cada vez mejor con nosotros y formen

armónicamente parte de nuestra vida futura.

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