Un reboot y un nuevo sistema operativo para la política peruana

  • Fecha miércoles 27 de diciembre del 2017
  • Fecha 8:59 pm

Hay circunstancias, momentos de crisis en la historia, los cuales hacen necesario que los países hagan un reset, un reboot para así volver a ser funcionales. Y ese es el caso del Perú en este momento. Y digo “reboot”, como en una computadora y no revolución, porque este último término se encuentra desprestigiado. Muchas “revoluciones” simplemente terminan sosteniendo el mismo orden pero con un simple cambio de nombres. Nunca olvidemos esa frase que describe muy bien todo esto y que está presente en “El Gatopardo” de Guiseppe Tomasi de Lampedusa:”Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Resulta tan evidente el desprestigio del término “revolución”, que un buen ejemplo de su estado es una animación realizada por un artista polaco coincidentemente apellidado Kuczynski; Pawel Kuczynski. Probablemente un distante familiar de nuestro actual presidente.

Tanto el frustrado proceso de revocatoria presidencial como la posterior amnistía al ex presidente Fujimori han creado un escenario de crisis política en el Perú, que de no darse una pronta renuncia del actual jefe de Estado y/o una convocatoria a elecciones generales; se estaría creando un entorno propicio como para que dicha crisis se resuelva mediante un golpe militar o una sublevación de origen civil. Un golpe de estado militar sería perjudicial a nivel de relaciones con la comunidad internacional y probablemente el nuevo gobierno fruto de este, sería inmediatamente puesto en cuarentena. En cuanto al escenario local, tal acción crearía los suficientes anticuerpos que podrían desencadenar una nueva crisis y con ello una situación de inestabilidad permanente. Un detalle más. Pese la ilegitimidad actual del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, una acción militar le haría asumir la posición de víctima y con el pasar de los años incluso podríamos terminar olvidando su mal accionar y la historia tratarle de una manera compasiva y similar a como se percibe al Belaunde Terry de los años sesenta. Es decir, una víctima más que el responsable de su propia caída.

Respecto a la otra alternativa, el problema que plantea un drástico cambio de rumbo orquestado por la sociedad civil involucra no solo la necesidad de líderes fuertes y con representatividad sino también contar con una estructura organizativa en la cual nunca hay que descartar una eventual injerencia de actores foráneos con claros intereses geopolíticos a la manera de las “primaveras” de Medio Oriente y norte de África. Las razones para el interés extranjero son claras. Un Perú inestable en una región en pleno proceso de cambios es riesgoso para la misma. Por tanto, más de algún país podría sentir la necesidad de intervenir a través de actores locales. Y no solo hablo de paises propios de la región.

La culpa de la situación actual es única y exclusivamente del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Salvar in-extremis a Kuczynski tomando como excusa la gobernabilidad y una supuesta defensa de la continuidad democrática, ha sido justamente el factor que acaba de deslegitimar a ambas. Esta crisis es tan fuerte que ha expuesto todas las debilidades de la política peruana, la cual pese a los cambios sociales y económicos de los últimos cuarenta años se ha mantenido inalterable. Lo idóneo, sería que el presidente renunciara abriendo la posibilidad de un cambio pacífico y ordenado para el cual la sociedad invocara la aparición no solo de nuevos actores no vinculados con los escándalos recientes, sino también una nueva clase política y una forma más honesta y transparente de relacionarse con el ciudadano.

La crisis actual debería ser vista como un punto de no retorno a fin de construir un futuro mejor. No se trata de cambiar a un presidente por otro o de simplemente reemplazar los puestos del estado por los del partido opositor. Se trata de resetear el país y empezar, en la medida de lo posible desde cero, al menos en lo político. Y eso quiere decir, a la manera de las computadoras, reiniciar la política peruana con un nuevo sistema operativo sin virus, no pirata y totalmente abierto en sus procesos al ciudadano, lo cual sería la mejor forma de llegar al Bicentenario.

 

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