La decisión

En las encuestas, el ánimo de algo menos de la mitad del país se inclina por darle al Presidente otra oportunidad. Y algo más de la mitad insiste en que debe irse. Pero las encuestas no son vinculantes.

El hecho macizo es que la calle no se va a movilizar para exigir su renuncia. Y el otro es que la oposición ya no tiene los votos para vacar la Presidencia de la República sin peligro de pagar un precio político muy caro.

Con todo esto tal vez el pueblo empieza a vislumbrar apenas quién es Pedro Pablo Kuczynski. Uno puede juzgar a las personas por el modo en que reaccionan bajo una presión sobrehumana. Quién no ha visto a alguno crecerse ante la adversidad. Y a más de uno colapsar.

Pero mudar nunca es fácil y menos a la edad del presidente. En recientes declaraciones, no obstante, parece haber asomado una resolución que no se le había visto antes.

Kuczynski ha decidido no renunciar a la Presidencia de la República. Pero eso es solo un comienzo. Si quiere ir hasta el final, necesita reinventarse. Nada menos. ¿A los 77 años, Pedro Pablo Kuczynski puede aun crecer? Porque eso es lo que hacen los políticos ante la adversidad.

Su énfasis, de otra parte, en que es él quien tomó la decisión de indultar a Alberto Fujimori, a diferencia de sus antecesores que retrocedieron ante esa decisión, lo presenta como alguien que ya sabe cuál es en política la medida de las cosas.

Tragarse el sapo quizás no fue la elección de palabras más feliz, pero lleva el mensaje. El problema de PPK hasta la fecha ha sido la decisión política. Ahora ya lo sabe.

Su gobierno está demasiado débil ahora para enfrentar las reformas más duras que el Perú necesita: en la justicia toparía con la dictadura de los jueces; en la educación, con el sindicato de maestros aun en el control; en la reforma del trabajo encontraría feroz resistencia en la argolla enquistada por décadas en los sindicatos.

Nadie se opondría en cambio a la cruzada para dar agua y detener los huaycos recuperando el control del ciclo del agua de los Andes perdido hace siglos. ¿No es eso lo que prometió? Si Kuczynski hiciera solo eso como presidente se haría perdonar políticamente sus actos como ministro. De ellos debe responder cuando termine su gobierno.

Se puede llevar a un pueblo a una travesía del desierto, pero el pueblo la aceptará solo si conduce a una tierra prometida. No hace falta verla, basta imaginarla. No hace falta que exista siquiera. Su deslumbrante posibilidad para los hijos es suficiente.

Pero el líder debe hacerse responsable de la promesa, aunque no llegue a verla. Debe creer para poder ver. El líder de un pueblo es, ante todo, el que confía en que llegado el momento sabrá tomar la decisión necesaria. Y transmite esa confianza.





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