La quiebra de la mayoría en el centro del quinquenio

La quiebra de la mayoría absoluta de Fuerza Popular en el Congreso es el hecho político medular de este quinquenio.

Es un punto de inflexión del que ya no hay retorno. Lo confirma la renuncia colectiva a la bancada de los diez congresistas fujimoristas que votaron contra la vacancia de la Presidencia de la República.

El fracaso de la vacancia y la libertad de Alberto Fujimori son los hechos de mayor visibilidad, pero fueron en verdad los factores que catalizaron la quiebra de la mayoría absoluta que era un accidente esperando ocurrir.

Ya la mayoría absoluta había caído en la trampa del abuso de poder. Recuerden a Saavedra, a Thorne, a Vizcarra, a Zavala, a Martens y la huelga magisterial; a la ley para controlar a la prensa; al intento fallido de encubrimiento de los abusos en el Sodalicio; a la ley mordaza para impedir que existan más bancadas; a la acusación constitucional contra el fiscal de la Nación; a la inclusión de las empresas consorciadas en el mismo saco de Odebrecht, que ha roto la cadena de pagos y está llevando a las constructoras a la quiebra. Han quebrado 150 empresas ya.

El intento fallido de vacar la Presidencia ignorando sus consecuencias de inestabilidad política y de incertidumbre económica fue la gota que rebalsó el vaso. Pero era una guerra avisada.

Tarde o temprano, la acumulación de despropósitos iba a tener consecuencias. La quiebra de la mayoría absoluta fue el resultado. Es el precio que paga Fuerza Popular por sus propios errores. De ellos no puede culpar sino a sí misma.

Podría haber utilizado la pérdida de su mayoría para elevar el rasero de su oposición constructiva y cambiar de actitud a los ojos del pueblo que le pide colaboración. Pero no comprendió el mandato del pueblo en las elecciones. No hizo oposición constructiva. Aun hoy no la está haciendo.

Podría hoy mismo hacer suya, por ejemplo, la urgencia de detener la ruptura de la cadena de pagos y la quiebra no solo de las constructoras sino ahora ya de los bancos que están siendo arrastrados por ellas.

Lejos de eso, sin embargo, tenemos que agregar al ya largo listado de despropósitos la negativa ahora a debatir el proyecto de ley respectivo hasta el comienzo de la legislatura de mediados de marzo.

En lugar de escuchar el clamor de una solución para los trabajadores y las empresas, la mayoría –relativa hoy, ya no absoluta- está ocupada explorando con la izquierda los posibles escenarios de un segundo intento de vacancia de la Presidencia de la República.

Es por eso que la penosa pérdida de su mayoría absoluta se ha convertido en el centro mismo de este quinquenio.

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