No el más barato, sino el de menor riesgo

Hacer licitaciones anticorrupción es una lección que el Perú necesita aprender de la terrible tempestad que ha atravesado por causa del mercantilismo.

La primera lección es comprender que nada de esto hubiera pasado si el mercado latinoamericano no hubiera podido ser cerrado por los Estados para favorecer a las empresas constructoras del mercado más grande -el de Brasil- y sus socias subcontratadas para la obra pública en los demás páises, empezando por el nuestro.

En lo sucesivo veremos a las empresas globales participando en las licitaciones de obra pública en Latinoamérica. El colapso del “mecanismo” de la corrupción ha sido posible por una dolorosa pero necesaria cruzada de transparencia a la opinion pública y la prensa que ha demolido la argolla de poder.

En el Perú ya está germinando algo nuevo. Parece haber un progreso significativo en el modo -la palabra modelo se asoma- en que se está organizando la licitación de una parte fundamental de las obras para los Juegos Panamericanos, la que tiene que ver con las instalaciones no permanentes, cuyo presupuesto es masivo dentro del paquete total.

Mediante un convenio de gobierno a gobierno, primero, y el contrato luego de una entidad especializada se está logrando presentar los proyectos a ser licitados a las constructoras no solo peruanas sino de toda la region. El esfuerzo del Gremio de Infraestructura de la Cámara de Comercio de Lima para organizar esta presentación a la que han acudido empresas de muchos países ha sido crucial a estos efectos.

Hay un tema crucial en el que la Cámara de Comercio podría ayudar en lo sucesivo. Quizás la pregunta clave está en los criterios para elegir en una licitación entre los postores a ella. No debe ganar necesariamente el que hace la oferta más barata. Debe ganar quizás el que ofrece el menor riesgo. Si los riesgos son numerosos, las bases de cada licitación deben hacer espacio para sopesar cuidadosamente el peso relativo de esos riesgos en el caso particular. Pero la regla general en todos los casos es que los criterios necesitan debate público transparente.

Un punto de partida para esto es que el proceso esté vigilado de cerca por observadores no solo locales, públicos y privados, sino globales. Al reclutar imparcialidad por medio de entidades de prestigio y experiencia -avaladas por su gobierno- el nuevo modelo y la transparencia se vuelven un arma contra el mercantilismo y la corrupción.





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