Ni razón ni pretexto (y estamos ocupados)

La responsabilidad que pueda caberle a Pedro Pablo Kuczynski en los corruptos asuntos brasileños es algo que se tendrá que procesar, si es necesario, cuando haya terminado su gobierno. No antes.

No se trata solo de la manida disposición constitucional que con buen criterio impide procesar al presidente salvo por muy contadas causales, ninguna de las cuales se configura hoy, sino por otros dos motivos: una cuestión de azar y otra de posible diseño.

La de azar es que, en lo inmediato, se acabó ya el año 2017 y luego vendrá el Papa en enero. Esto va a ser un acontecimiento nacional masivo y, en una atmósfera de recogimiento como esa, es impensable tolerar el ruido político de agarrarse a trompadas en medio de la liturgia.

Luego, vendrá otro acontecimiento festivo quizás mayor aún para los peruanos de todas las edades: comenzará la previa del Mundial. Suspenderá literalmente el tiempo hasta el mes de julio.

Allí desembocaremos en las Fiestas Patrias de 2018. Y, acto seguido, entraremos en la recta final de las elecciones regionales y locales en el mes de octubre que, con su respectivo balance y comentario, nos llevarán hasta el fin del próximo año.

Como se ve, tenemos la agenda llena y PPK tiene un salvoconducto de un año. Estaremos demasiado ocupados para emplear el tiempo en frivolidades como andar acusando a PPK de incapacidad moral para vacar la Presidencia. De cualquier modo, además, eso requeriría de los dos tercios del Congreso y la oposición no los tiene. Así lo ha comprendido ya, igualmente. Si alguna vez existió ese malhadado propósito –es un decir-, ya no hay tiempo, la ventana de oportunidad se ha cerrado.

La cuestión restante, la de diseño, consiste en que si Pedro Pablo Kuczynski tiene el buen criterio de indultar a Alberto Fujimori, la gratitud de la mitad del país que veinte años después sigue siendo fujimorista será el escudo que lo protegerá por el resto de su gobierno contra toda posibilidad de ser arrastrado a una vacancia por una mayoría parlamentaria que no podrá mostrar ingratitud.

No habiendo entonces, tiempo ni base legal ni pretexto político -como decía Chirinos Soto, el pretexto es indispensable-, probablemente la mayoría de los peruanos estará de acuerdo en dejar a PPK en paz para que termine su gobierno aunque haya que cargarlo luego hasta la meta.

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