Trampas marca Acme

El proceso interno a Kenji Fujimori ya parece un episodio del coyote y el correcaminos. Le ponen toda clase de trampas –marca Acme- y ninguna funciona.

Para los que no tienen tiempo de leer las 29 páginas de la respuesta del parlamentario este último lunes al segundo proceso disciplinario abierto en su contra, intentaremos reseñarla aquí.

Resulta que el reglamento interno de la bancada en base al que se le abrió el primer proceso tiene vicios de origen que en buena fe habrían obligado a hacer uno nuevo: el reglamento para comenzar no describe las conductas que busca sancionar y esa es una garantía del debido proceso.

En vez de debatir un reglamento nuevo, sin embargo, la bancada votó por continuar el proceso. Evidentemente, la votación de la bancada no puede convalidar un reglamento nulo de origen. Igual se le abrió al congresista un segundo proceso disciplinario. Con el mismo reglamento marca Acme, en suma, le abrieron al correcaminos un segundo proceso disciplinario que, naturalmente, es nulo también.

El Comité Disciplinario le ha hecho ahora a Kenji Fujimori seis cargos diferentes sin explicar de qué manera resultan sancionables sus actos en el marco de las conductas que encuentra criticables. El Comité tampoco es imparcial: sus miembros han adelantado opinión en varias ocasiones sobre su persona.

Lo que el congresista Fujimori pide ahora, en suma, es que el Comité responda de manera motivada todas y cada una de las objeciones que hace por escrito, como corresponde. Y la respuesta es silencio y reiterada insistencia en el mismo proceso viciado con el mismo reglamento nulo.

Por donde se le mire, este no es un debido proceso. Es una cacería torpe. Pero, como se sabe, las trampas marca Acme nunca funcionan.

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