Mi viejo mejor amigo yanqui

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, viene de visita a América Latina esta semana y se detendrá en el Perú, estratégico en la región. Ha criticado con nombre propio a China y su avance en esta parte del mundo. “Latinoamérica –ha dicho- no necesita nuevos poderes imperiales”.

El secretario de Estado se refiere sobre todo a lo que ha llamado las “prácticas de comercio injustas”. Son palabras muy duras. Seguramente piensa en la importación masiva de productos chinos que pueden tener subsidios escondidos y arrasan con el mercado de EEUU. Puede tener razón. En nuestro caso, los productores nacionales de ropa y calzado tampoco pueden competir. En su caso, EEUU ha tenido que dejar caer el dólar para detener la hemorragia. Es algo que deben procesar ambos o la guerrilla comercial de hoy desembocará mañana en una guerra monetaria.

Pero China ha lanzado también un proyecto de escala global al que ha bautizado con el antiguo y legendario nombre de la Ruta de la Seda, que por siglos unió a China con Europa desde antes de que Marco Polo hiciera hace 800 años su famoso viaje a través de los desiertos del Tablamakán hasta la corte de Kublai Khan, nieto de Ghengis Khan, emperador de Mongolia, conquistador de China.

Necesitamos ser parte de la nueva Ruta de la Seda global que China creará, esta vez alrededor del planeta. Parte de ella es el tren transoceánico -de Sao Paulo a Paita- que el presidente de China, Xi Jinping, ofreció en persona al Perú en su visita reciente a Lima, y ante el cual los peruanos, por no saber qué decir, reaccionamos haciéndonos los sordos, “desdeñosos, semejantes a los dioses”, como buenos limeños. Necesitamos esa Ruta de la Seda global, porque necesitamos urgentemente infraestructura para el siglo XXI. Y necesitamos tecnología para convertir en capital el activo de los bosques y el agua de los Andes y la Amazonía.

“Estados Unidos seguirá siendo el socio más estable, fuerte y duradero de Latinoamérica”, ha dicho Tillerson. Tomamos sus palabras en serio. Nos llama a “asegurar nuestra soberanía frente a los potenciales depredadores que están apareciendo en el hemisferio”. “Nuestra región debe estar en guardia –prosigue- contra los poderes lejanos que no reflejan los valores fundamentales de la región. EEUU es un claro contraste a esto. No buscamos acuerdos a corto plazo con ganancias asimétricas. Nosotros buscamos socios”, expresa.

Comprenderá, sin duda, que si necesitamos infraestructura para el siglo XXI y China la ofrece, debemos aceptarla. Pero necesitamos también de nuestro socio más antiguo y duradero. Porque tenemos que entrar a la economía global y sólo lo haremos incorporando el activo de la tierra, el bosque y el agua en los Andes y la Amazonía del Perú. Y, afortunadamente, esa sociedad está en camino.

Hernando de Soto ha publicado en el Wall Street Journal hace muy poco, junto el senador americano Phil Gramm, un artículo extraordinario que explica cómo la tecnología de blockchain –que se usa para las criptomonedas- puede acabar también con la pobreza en el tercer mundo. Sólo registrando la posesión para convertirla en propiedad, sólo convirtiendo ese activo en capital formal, accederemos en serio a la economía global.

Nosotros vamos a cocinar bien esos ingredientes indispensables para la fusión. Los peruanos somos buenos en eso: la tecnología digital y la infraestructura del cinturón planetario. Hay lugar acá para la inversión, venga de donde venga. A juzgar por el fallido experimento de la corrupta intentona imperialista de la izquierda brasileña en el poder, eso es defender nuestra soberanía.

Es por eso que nuestro viejo mejor amigo yanqui y nuestro nuevo mejor amigo chino no tienen nada qué temer el uno del otro en esta tierra.

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