Uchuraccay: La herida que no cicatriza

Una vez más, al cumplirse hoy 35 años (26 de enero de 1983) de la matanza de Uchuraccay (Ayacucho) -donde ocho periodistas, un guía y un comunero fueron asesinados por un grupo de campesinos de dicha comunidad- se inflama de nuevo esa herida que el periodismo y la sociedad llevamos latente desde aquella nefasta fecha.

Un suceso considerado en primera instancia como una de las grandes tragedias del periodismo nacional, un acontecimiento que toca de manera directa a los hombres de prensa y su noble y abnegada labor al servicio de la sociedad de múltiples aristas: sociológicas, culturales, ideológicas, sistémica.

El siniestro sucedió -según informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación- cuando las víctimas (los periodistas Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Amador García, Luis Mendívil, Félix Gavilano, Pedro Sánchez, Octavio Infante y Willy Retto, su guía, Juan Argumedo y el comunero Severino Huáscar Morales) se dirigían a cubrir la información de unos enfrentamientos contra Sendero Luminoso que habían dejado varios muertos en la zona. En el trayecto fueron emboscados por un grupo de uchuraccaínos quienes los confundieron con terroristas y tras atacarlos a machetazos les dieron muerte.

Un tema muy polémico, un estigma social que, pasado el tiempo, amén de todo y con el respetable miramiento y reparo hacia todos los involucrados, nos debe proyectar a recuperar esa magnanimidad de aquella profesión con auténtica vocación de servicio social.

Sí, después de los honores correspondientes y merecidos, incidamos en la noticia como un bien social y no una mercancía, con ese alto componente de ética que no solo se aplique en el propio seno, sino que igual sirva cual estandarte a enarbolar ante la podredumbre moral de estos tiempos a superar.

En resumidas cuentas, entre tanto dolor y reflexión, sirva la ocasión para que la desaparición y el recuerdo de nuestros hermanos periodistas de Uchuraccay nos impulse a reivindicar el ejercicio profesional, útil a la sociedad, teniendo como base esa verdad que se torna contundente cuando lo es, o por el contrario se diluye cuando la acompaña el interés, la calumnia e injusticia.

 

 

 

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