La ‘democracia’ chavista ‘sí funciona’

  • Fecha jueves 12 de abril del 2018
  • Fecha 4:03 pm

Llamó la atención nacional e internacional cómo los jerarcas del chavismo en Venezuela se regodearon hasta con petardos por la reciente caída de PPK en Perú. “¡Estos fuegos artificiales se deben a que alguien se va! ¡Adiós a PPK, adiós PPK!”, vociferaban desde Caracas vía televisión.

Esas arrogantes celebraciones ocultan en realidad otro de los graves problemas que estos jerarcas tendrán en algún momento que enfrentar: que a diferencia de Perú, en Venezuela se recibió en total –como bien lo ha detallado el periodista Andrés Oppenheimer–, y solo hasta donde se sabe, el triple de millones por corrupción en obras públicas. Una condición que contrasta además con el posible embrollo de millones de dólares entre los jerarcas castristas y la misma empresa vía múltiples contrataciones –como las del megapuerto del Mariel en Cuba, obra que según propia delación de Emilio Odebrecht fue pedida por Hugo en 2007 para ayudar a su aliado Fidel–.

Estas conexiones, que no pueden seguir invisibilizándose a nivel internacional, entre cubanos y venezolanos y la corrupción odebrechista –con el brasileño Lula como gran coordinador regional–, aparejado a la insostenible crisis político-económica y humanitaria interna venezolana, pueden estar haciendo evaluar seriamente la conveniencia de que los cubanos sigan manteniendo a Maduro en el poder.

La dictadura chavista, siempre con el auspicio del castrismo, y la crisis política, económica y social iniciada con Chávez y ahondada por Maduro –en un proceso de continuidad, no de dos actores con planes distintos o del segundo “traicionando el legado” del primero como se pretende establecer– son inviables como están. Lo saben dentro y fuera de Venezuela. Tanto como se sabe que es desde La Habana que se administra todos los conflictos en el país llanero.

La sobrevivencia dictatorial, a estas alturas, solo se debe a la fuerza, a la brutal intimidación y la coacción intervencionista gubernamental en la vida de la gente. En suma, a las acciones criminales mezcladas con operativos políticos que alcanzaron neutralizar, a punta de miedo, no solo la otrora unidad de los liderazgos opositores, sino los ímpetus de la lucha por la libertad de la gran mayoría de venezolanos de a pie. Incluso hasta la pobreza fue deliberadamente provocada como instrumento de control.

Poder y temor pues se mezclaron para seguir dando sostén a las endemoniadas circunstancias y someter la indignación ciudadana.

Lo cierto es que, en estricto, Maduro está liquidado políticamente. Y solo poderes oscuros internos y externos, de aliados civiles-militares que han unido su destino al del tirano lo mantienen al mando.

Esta tambaleante situación puede llevar a sus titiriteros en La Habana a montar una ‘salida’ que les permita seguir teniendo el control del país. Que además neutralice el cada vez mayor aislamiento internacional del régimen –que es lo que más temen, de ahí la desesperación a que Maduro asista a la Cumbre de las Américas en Lima–. Es decir, una ‘salida’ que instale a una nueva marioneta vía un manipulado proceso ‘electoral’ garantizador de una ‘democracia legítima’ pero en realidad inexistente.

Como se anotaba en este espacio [¿Cae PPK o cae Maduro? 13/02/2018]: “En Venezuela, el heredero de Chávez y dictador Maduro por su parte enfrenta cada vez un mayor aislamiento internacional… O renuncia –lo menos probable– o ‘gana’ vía un obvio megafraude y se enraíza sin importarle nada remendando el modelo político cubano. O quizá podría ceder el poder a la ‘oposición’ que más le gusta, a la que elegiría como ‘adversaria’. En esta línea, el chavismo sabiéndose ya inviable, podría digitar la transición que más se acomoda a sus intereses de salida e impunidad negociada, ‘dejando ganar’ a la ‘oposición’ que se prestó al enjuague electoral [que no es otra que la versión socialista ‘light’ venezolana]. Maduro y sus asociados podrían bloquear así a la otra resistencia opositora que sí emprendería un cambio drástico del modelo económico, político y social montado durante casi dos décadas. Es el quid ideológico que obra de fondo en el conflicto llanero”.

Con estas operaciones se mataría varios pájaros de un solo tiro. Así, no debe sorprender que Maduro ya no continúe en el escenario en los próximos meses y sea otro títere el que le facilite impune continuidad a la tiranía y sus digitadores externos bajo el manto de una aparente legitimación ‘democrática’. Y, lo más sorprendente, con los aplausos de aquel sector ‘opositor’ funcional al chavismo que celebrará las ‘elecciones’ y sentenciará: “Ya ven, lo dijimos, Maduro salió con votos”.

Un desenlace astuto y controlado políticamente que podría dar también argumentos a sus franquicias internacionales –incluyendo la peruana– para sostener que “la democracia venezolana sí funciona”.

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