La “Ministra de los Consensos”

Datos curiosos arrojan a veces las encuestas. Según una reciente consulta de opinión [Ipsos] mientras el presidente PPK baja de 30% a 27% de aprobación –con señales de tendencia descendente– la premier Mercedes Aráoz [MA] sube de 31% a 33%. ¿La ciudadanía castiga al presidente, pero rescata a la primera ministra? Es un leve incremento el de Aráoz, pero significativo –en medio de las tensiones políticas–, y que ciertamente tendrá que ser ratificado como una tendencia a la alza en otras mediciones.

¿Qué genera su aumento aprobatorio? Luego del enorme cuestionamiento ciudadano al Censo Nacional 2017 en el que MA terminó apartando al jefe del INEI y, luego de haber sido criticada –sin suerte– por sus detractores por la supervisión que hizo del censo desde un helicóptero, la premier parecer haberse mantenido algo distante de la ‘línea de batalla’ que ha estado recalentando las coyunturas políticas. La prudencia así, hizo lo suyo.

En ese sentido es posible que ciertos sectores de la población empiecen a ver su acción –es decir, no ‘al pie del cañón’, ni ‘con metralleta en mano’– como una válvula de escape a la inflamada política. De ahí, precisamente, la necesidad imperiosa de que la segunda premier del actual régimen llegue a consolidarse como una gran articuladora de los consensos. Ello a pesar del fuego graneado que sale de todos lados, de la guerra de ‘todos contra todos’ como la que estamos viendo y que parece instalarse como característica ‘normal’ de nuestro proceso político.

Y es que la MA atraviesa también un campo minado. Uno que imposibilita estimar cuál es el margen de maniobra efectiva que podría tener para consolidar su gestión. Lo cierto es que, como se anotaba en este mismo espacio [‘Mechita peligrosa’. 23/09/2017. Expreso], poco se hará si “se persiste en la idea de que puede gobernarse teniendo a la mitad de peruanos –como se estableció de manera democrática en la segunda vuelta el 2016– en franco proceso de temerario antagonismo”.

Haciendo un selectivo contraste, la interrogante que salta incluso es si MA logrará sobrepasar la valla de los ocho meses de duración en el cargo que otras antecesoras suyas [Beatriz Merino, Rosario Fernández, Ana Jara] no pudieron superar en procelosas circunstancias pasadas. Mucho hará en ello cómo se pondere el juego impredecible de la política y cómo se le intercale con los talentos tecnocráticos propios y de algunos miembros valiosos de su gabinete. Así, un buen chaleco antibalas, un buen casco y mucho tacto político se imponen. No dando juego, eso sí, a los termocéfalos de las diversas canteras, propias y ajenas, sino privilegiando la búsqueda de acuerdos, de consensos. [Ello es crucial sobre todo para no dar munición a los extremistas antisistema que pululan por las temperamentales regiones pugnando a que todo explote].

“Hacemos la paz con los enemigos, no con los amigos”, recomendaba el pequeño estratega Tyrion Lannister. Un reparo casi elemental, válido para las ficciones de poder, como para las realidades políticas.

Una suerte pues de “Ministra de los Consensos” parece requerir el país, hacia adelante. La confrontación irracional ya ha mostrado sus límites sobre todo a la hora de gobernar. Aráoz tiene en sus manos un reto descomunal: darle cierta estabilidad y dosificada aceleración a un país que se ha visto frenado –de tiempo atrás– por una dinámica política de contrarios y de contenidos tóxicos. Es posible que se esté a tiempo de impedir que esa dinámica sea irreversible. 

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