PPK… Abimael y Antauro

Una omisión clave –entre muchas otras– tuvo el presidente PPK en su mensaje el 28 de julio que amenaza y condiciona su gestión: la ya famosa ‘conflictividad social’. Un factor de inestabilidad permanente –sobre todo si sus niveles de aprobación van reduciéndose– cuya conducción se ha visto acaparada de manera progresiva por ciertos liderazgos extremistas ansiosos en implosionar el sistema.

Para minimizar los riesgos inmediatos de que las estrategias radicales sigan dominando las tensiones el régimen se obliga, entre otras cosas, a quebrar los vínculos que los actores calculadores han logrado establecer con los actores desposeídos o auténticamente demandantes. Acciones difíciles pero inevitables; que den paso a su vez al reajuste de los tensos escenarios dando tiempo a que las soluciones propuestas se ‘socialicen’ en las provincias y tomen forma práctica y concreta.

Ha hecho bien en ese sentido el ministro Basombrío en resaltar –debió hacerse desde anteriores gobiernos– directamente a los grupos violentistas que han ido monopolizando las demandas irresueltas con el cálculo de buscar su legitimación política y sus cuotas de poder en las regiones y en la capital. Ahí está Sendero Luminoso en pro de su ‘legalización democrática’ y teniendo ya, por cierto, a varios diligentes auspiciadores.

A excepción de lo que ocurre en el VRAEM, cierto es que no vemos tácticas terroristas en acción en otros puntos del país [aunque sí apología al terrorismo como el llamar ‘prisionero político’ a Guzmán Reynoso]. Al menos no todavía –sin embargo estas no pueden descartarse a ningún plazo–. Y cierto es que la generalización de ‘terroristas’ a todos los inconformes en las protestas no es adecuado –aunque para ser precisos nadie serio ha lanzado tamaña generalización–. Pero cierto también es que invisibilizar al senderismo en la dinámica de los conflictos [Basombrío habló en el Congreso de 11 692 excarcelados por terrorismo] como lo están haciendo algunos analistas es sin duda una torpeza todavía mayor.

El país pues no pueden caer en el sobredimensionamiento que el extremismo busca haciéndolo extensivo a ‘todos’ los que protestan; como tampoco en la subestimación de lo que puede ocurrir si no se toman las precauciones con respecto a los desafíos violentos que pueden ir gestándose de forma subterránea. Como sabemos ese tipo de descuido costó muchísimo a los peruanos en el pasado. ¿Se volverá a repetir?

El juego senderista es astuto y conocido: se infiltra ahondando los enconos y empujando a sus ‘representados’ contra el frágil gobierno, acurrucándose con las oposiciones politiqueras e irresponsables y santificándose, si es posible, gracias a la ‘intermediación’ de las iglesias en los conflictos. Cada imprudencia legitimadora en favor de Sendero no encumbra en estricto a los dirigentes transitorios: es una reivindicación al ideólogo terrorista Abimael Guzmán.

El objetivo de fondo es pues profundamente político. Hoy, el grito callejero es el pico máximo donde, si hay un muerto producto de la ‘represión’, mejor. Es la relanzada ‘agudización de las contradicciones’ en vía a su máxima expresión: el terror [que se aplicaría por medio de otros grupos en apariencia no conectados al original que obraría ya legitimado y ‘respetando las reglas de la democracia’. Una tenaza política].

¿Cómo parar después una bola de nieve de este tipo de darse el caso? Es decir, ¿cómo frenar un proceso de radicalización de límites impredecibles? Ese es el tema y el riesgo de fondo que tendrá ocupados no solo a analistas y ‘senderólogos’, sino además a la opinión pública advertida.

El tratamiento que se ha tenido de la ‘conflictividad social’ en los años precedentes parece que tenderá a complicarse por las limitaciones del ‘pepekausismo’.

Un ingrediente adicional: estímese los contextos que se abrirán con un próximo Antauro Humala libre y perfeccionando las tácticas para un ‘alzamiento del Perú profundo’. El antaurismo, como señalábamos en este mismo espacio [ver ‘Etno-senderismo-emerretista’, Expreso 05/12/2012. Panorama Cajamarquino 06/12/2012], ha prácticamente nivelado su credo extremista con la del senderismo y el [ex]emerretismo, anunciando una alianza que el mismo Antauro bautizó como la ‘izquierda macha’ a fin de canalizar las ‘protestas sociales’.

Toda una suerte de triunvirato que cancela la antigua competencia política –como la que había entre Sendero y el MRTA– para dar senda a hábiles relaciones de cooperación estratégica y de colaboraciones ideológicas. [El etnocacerismo está conectado además al Inkarrislam pro-Hezbolá con punto de irradiación en Apurímac].

¿Cómo contrarrestará el sistema político –y el gobierno actual– a la proyección de procesos de radicalización, imposibles de descartar de manera total, que faciliten la trayectoria de los reclutados hacía acciones políticas de mayor violencia a través de los ‘conflictos’?

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