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Luis García Miró Elguera
Veamos algunos extractos de la nauseabunda carta que dirige un tal David Lovatón Palacios al inefable –e inamovible desde hace décadas– Santiago Cantón, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede –como no podía ser de otra manera– en Washington DC.
Dicho sea de paso, el tal Lovatón firma la carta de marras como director del Instituto de Defensa Legal, la ponzoñosa oenegé Ideele que reúne a la flor y nata de los progre y caviares del país. Leamos la entrelínea:
“Luego de dos años de gobierno del Presidente Alan García… (éstos) han estado caracterizados por un clima de creciente intolerancia del Presidente y de su equipo de gobierno… Así, tanto periodistas (¿?) como integrantes de derechos humanos (¿?)… han sido destinatarios de insultos, descalificaciones y agresiones verbales por parte del Presidente de la República… el Presidente ha hecho gala de una intolerancia sin precedentes hacia quienes expresan opiniones distintas a las oficiales, calificando de terroristas a quienes participan en movilizaciones sociales y protestas ciudadanas (toma de carreteras, secuestro de policías, etc.)… o señalando como traidores a la patria a quienes tienen lecturas y valoraciones de la situación política que difieren de las del gobierno… los periodistas vienen siendo víctimas de amenazas y atentados contra sus vidas e integridad personales (¿?), especialmente como consecuencia de difundir y publicar información relacionada con el narcotráfico y la corrupción…”
Tamaña cobardía y falta de escrúpulos de esta ralea resulta imperdonable. Los llamamos cobardes porque en vez de resolver con valor y argumentos –en la arena política– las diferencias de criterio entre paisanos, estas niñitas zurdas actúan como el acusete débil, miedoso y medroso que busca al fuerte para que lo proteja. En este caso la oenegé Ideele ha acudido a un ente extranjero –dominado por sus pares de la zurda mundial– para acusar de hechos falsos al gobierno peruano, aludiendo de manera mentirosa que acá se persiguen las ideas y se viola la libertad de expresión. Y los encaramos por inescrupulosos debido a que fabrican novelas falaces para justificar su lloriqueo feminoide, un lamento que esconde intrigas e intenciones protervas contra la vigencia del estado de derecho en un país –por fortuna para la mayoría y desgracia de los izquierdistas fracasados– gobernado por un régimen de centro. Evidentemente es esto último lo que impulsa a esa gente perversa a humillar a su patria ante jueces extranjeros sesgados por el pensamiento socialista.
Entonces el Ejecutivo está obligado a desbaratar de inmediato esta nueva arremetida del socialismo caviar, orientada a remover a un régimen elegido por el pueblo recurriendo a la vía del desprestigio internacional. Mientras tanto sus pares de la zurda extrema van al mismo objetivo pero a través de la siembra del caos sociopolítico, lo que –al final del día– resquebrajará el equilibrio económico. Es decir, toda una conjura tramada por las izquierdas peruanas, orientada a tumbar al gobierno para capturar el poder.
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