Al comenzar un nuevo año litúrgico, el cardenal Juan Luis Cipriani, pidió honradez en el uso de los recursos públicos y privados y moderar la lengua para no insultar a nadie, así como hizo un llamado a una mayor unidad de la familia peruana en las circunstancias actuales que el país atraviesa.
“El sistema se ve afectado con manipulaciones, críticas, discusiones, opiniones e intervenciones que también involucran a nuestros hermanos chilenos. Producto de la envidia, la cólera, el resentimiento de no poder guardar las formas, con declaraciones impertinentes y ofensivas; actuamos con ese complejo que nos hace proceder indebidamente; cuando debemos buscar formas de solución, de paz y entendimiento, con la capacidad propia de nuestra envergadura”, enfatizó.
El primado de la Iglesia Católica también sostuvo en su programa “Diálogo de Fe” de RPP, que no se trataba de un planteamiento político, sino de una propuesta humanista que procura el bien para los demás que no están en el escenario. “Cuando en una situación de familia o país alguien gana y el otro pierde, el ambiente queda mal. Busquemos soluciones donde todos ganemos; en base a valores de verdad, honestidad, transparencia; intentemos ello con un esfuerzo especial. Con dolor contemplo que el país se enfrenta, se atacan unos a otros, surgen discusiones; y todo el mundo se pone en el balcón moralizador, todo el mundo tiene un ropaje. Mientras en realidad evidencian pugnas partidarias, personales, odios, resentimientos; entonces es tiempo de poner esperanza en el panorama”, añadió.
En cuanto a las próximas fechas que el calendario trae, el Arzobispo de Lima recordó que la Navidad no es una celebración de consumo.
“El abrir nuestros corazones al amor de nuestros hijos, padres o familiares no debe plasmarse en excesos materiales que están malogrando a nuestra juventud y familia. Confunde porque Jesús no vino a hacer una campaña de regalos. Vivimos una situación donde todo es dinero, regalo, placer, vanidad, poder; avaricia por la cosas materiales. Esa arrogancia, esa soberbia, contrasta con la humildad, transparencia que el adviento representa. Es un ambiente muy lejano al niño Jesús que no tuvo dónde nacer, con una madre como María –madre nuestra– quien le propiciaba el regalo del calor, de su mirada, de su atención, de tenerlo en sus brazos en un lugar y hogar sencillo. No olvidemos: el amor, la unidad de familia, la oración, la contemplación limpia de nuestros seres queridos, es el regalo más grande que la Navidad propicia”, agregó.
Luis Pardo A.
El dato
Finalmente, el primado de la Iglesia Peruana, durante su alocución, no dejó pasar por alto las diferencias que mantiene con la Universidad Católica: “…donde lamentablemente no se enseña una teología sólida”, remarcó.
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