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La obra “El método Grönholm”, escrita por Jordi Galcerán, se presenta en el teatro La Plaza ISIL de Miraflores hasta el 21 de abril.
¿Qué es lo que sucede cuando algunas personas se encuentran en un ambiente cerrado y creen estar siendo observadas y evaluadas a la vez? Pues se ponen una careta invisible y empiezan a actuar. En “El método Grönholm”, cuatro candidatos aspiran a un puesto ejecutivo en una importante transnacional y a cambio de un entrevistador encuentran una oficina vacía y sobres con extrañas instrucciones.
Desde su estreno (2003, Cataluña), esta comedia no ha dejado de sembrar elogios y su fama ha trascendido rápidamente las fronteras españolas. Esta exhibición crítica de los modelos empresariales que promueven una competencia extrema se acaba de montar en Lima, bajo la dirección de Sergio Llusera.
A dos siglos del planteamiento evolutivo de Darwin, la idea de que “el más fuerte sobrevive” es la que ronda por la cabeza de los personajes que aparecen en escena, transmitiendo una tensión natural ante un misterioso juego: los sobres proponen la realización de peculiares pruebas. Los candidatos siguen las reglas, entreteniendo y divirtiendo con ellas al público que es atrapado de inmediato al verlos envueltos en situaciones incoherentes. Quieren el trabajo y para eso se ven obligados a pasar aquellas pruebas que sin embargo, incluyen develar sus más íntimos secretos arriesgándose a pasar por grandes humillaciones. Lamentablemente, la mayor falencia de esas confesiones íntimas es que resultan tan exageradas que son difícilmente creíbles en el contexto realista de esta comedia.
Lo positivo es que conforme pasa el tiempo y cada candidato quiere sobresalir sobre el resto, ellos empiezan a despertar sus más bajos instintos, descubriendo así sus verdaderas personalidades. Acorde a estos actos, el humor también sufre una transformación, y va pasando desde fino e inteligente hasta insensible y cruel.
En cuanto a los personajes, se distinguen características estereotipadas: encontramos a Fernando Porta (Miguel Iza, de gran actuación): cínico y egocéntrico; Mercedes Degaz (Norma Martínez): mujer académicamente calificada pero algo acomplejada por su naturaleza femenina; al cómico y fresco Enrique Font (Gonzalo Torres está muy bien explotado en esta faceta); y el introvertido y engreído Carlos Bueno (Roberto Ruiz).
Finalmente, aunque la obra se desarrolle en un solo acto, se divide argumental y cualitativamente en dos partes. La primera, resalta la incertidumbre de los candidatos frente a un extraño aparato selectivo. La segunda, comprende el descubrimiento de quién o quiénes andan detrás de todo esto. Y digo que hay una diferencia no sólo de contenido entre una y otra porque es en la segunda parte donde la obra deja de captar interés. Al saberse el misterio desaparece la tensión. De allí en más se trata sólo de un largo complemento, la explicación (prescindible) de la naturaleza real de la prueba y, por último, un giro de tuerca que debería sorprender.
JACK MARTÍNEZ
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