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Murió sobreviviente de Lucanamarca |
Después de mostrarse optimista y con ganas de vivir porque su versión sobre lo ocurrido en el distrito de Lucanamarca, Ayacucho, fue recogida por este diario, Edmundo Camana, el único sobreviviente de aquella terrible matanza, murió súbitamente anoche en su cuarto de la clínica del Hospital Militar, donde se encontraba internado desde hace algunas semanas.Su fallecimiento ocurrió a las 7:15 de la noche, después de haber ingerido sus alimentos. Aparentemente su situación era normal, por lo que su muerte resulta inexplicable y abre las puertas a especulaciones, toda vez que anteriormente él había denunciado que era víctima de amenazas.En declaraciones exclusivas a EXPRESO, tal como se podrá apreciar en la página 10 de esta edición, Edmundo Camana exigía el retiro de su foto de la exposición promovida por las ONGs de Derechos Humanos.Señalaba también que después de todo lo declarado, se sentía más tranquilo pues había roto 26 años de silencio. Aún así no podía librarse de los traumas sicológicos que le ocasionó el terrible suceso que le tocó vivir en su pueblo, en las serranías de Ayacucho.Cabe señalar que en Santiago de Lucanamarca, distrito ubicado en la provincia de Huancasancos, a 10 horas de la ciudad de Huamanga, 69 campesinos fueron asesinados impunemente con machetes, hachas y cuchillos, por elementos terroristas de Sendero Luminoso, en represalia porque los comuneros de Lucanamarca y algunos anexos de la zona, se oponían al terror y se habían organizado para rechazarlos. Ante tal situación, la cúpula senderista dio la orden de aniquilamiento de todo el pueblo como una forma de escarmiento y de imponer su dominio. Y esto ocurrió el 4 de abril de 1983 en que una columna de más de 60 terroristas, al mando de Hildebrando Pérez Huarancca, ingresó primero en Yanaccoolpa y las comunidades vecinas, donde asesinó a 27 campesinos. Horas después hizo lo propio en Lucanamarca. Las mujeres, niños y varones fueron conducidos a la plaza principal, donde fueron asesinados a machetazos. La masacre fue reconocida por el mismo cabecilla terrorista Abimael Guzmán Reynoso, como un acto de venganza. “Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria –dijo en la llamada “entrevista del siglo”– respondimos con una acción: Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, eso es lo real, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas”.
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