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martes, 09 de febrero de 2010
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Izquierda busca perpetuarse en la PUCP

13-1  3colEl rector Luis Guzmán Barrón terminará este año su gestión. El otrora velasquista Marcial Rubio Correa, actual vicerrector, se perfila para reemplazarlo.
Rubio Correa militó en el Partido Socialista Revolucionario (PSR), partido fundado por los militares que acompañaron al general Juan Velasco en el golpe del 3 de octubre de 1968, dictadura que el hoy aspirante al rectorado de la PUCP aplaudió y defendió.

Otra autoridad académica de la PUCP es Enrique Bernales, también connotado dirigente del PSR, grupo político cómplice del atraso del sistema político peruano al generar con ese golpe militar un retroceso de la democracia peruana y del orden constitucional. Paradójicamente hoy esos ciudadanos son abogados constitucionalistas y ponderan sobre el estado de derecho.

La fundación de la PUCP
No olvidemos que la PUCP fue fundada por Jorge Dinthilac, sacerdote de los Sagrados Corazones. Tampoco cabe duda que por buen tiempo, después de fundarse la Universidad Católica el año 1917, esa casa de estudios dependió directamente del Arzobispado de Lima. Con mayor razón se estrechó esa ligazón cuando el año 1942 la referida universidad fue declarada propiamente “Pontificia” por la Santa Sede y cuando Juan Landázuri Ricketts fue designado Gran Canciller, cargo que le facultaba seleccionar –ante el Papa– a los candidatos a rector y vicerrector, así como fiscalizar asuntos trascendentales de la institución.  Pero con la presencia de los militares socialistas encabezados por Velasco, cierto anticlericalismo se enseñoreó y el cargo de Gran canciller pasó a ser simplemente una figura decorativa. Aún así, no perdamos de vista que el principal benefactor de la universidad fue un católico acendrado y millonario como José de la Riva-Agüero y Osma. Aunque, reiteramos, todos esos antecedentes cambiarían cualitativamente con la llegada del velascato, pues fue un gobierno autoritario que trató –a través de una serie de circunstancias y operadores– desvincular al Arzobispado de Lima de la relación estrecha con la PUCP. En otros términos, el general Velasco –y los civiles que constituían su comparsa– no sólo hicieron expropiaciones, por ejemplo en el agro, agudizando los problemas de pobreza en el Perú, sino que también expropiaron a la Iglesia Católica una universidad instalada hoy en el fundo Pando.

Landázuri, Vargas Alzamora y Cipriani
En la última década del siglo pasado, el entonces Sumo Pontífice Juan Pablo II promulgó la Ex corde Ecclesiae o Constitución Normativa y Reglamentaria para las universidades católicas del mundo (año 1991). Aquí tomo prestado lo que escribió Ricardo Uceda en la revista Poder 360°, bajo el título “El Código Riva Agüero”, cuando hace referencia a una periodista de la agencia Zenit. Se refiere a que esta periodista le hizo una pregunta al Cardenal Juan Luis Cipriani en uno de los tantos viajes de éste a la Santa Sede. La interrogante versaba sobre las universidades católicas, a lo que la autoridad eclesiástica peruana respondió enfatizando que: “Nadie puede decir ‘este es un automóvil Toyota’ si la fábrica Toyota no le pone la marca”.¿Como bien puntualiza Uceda, la frase explica una parte de las contradicciones que mantiene el Arzobispado de Lima con la PUCP. Obviamente que El Vaticano es la Toyota, y le está exigiendo condiciones a la PUCP para que continúe llevando su marca. Además, hace diez años que Juan Luis Cipriani fue nombrado Arzobispo y desde entonces le asiste todo el derecho de buscar que la PUCP respete las normas canónicas, cumplimiento que lamentablemente olvidaron sus antecesores Juan Landázuri Ricketts y Luis Vargas Alzamora.

Silencio y verdad
La vida pone pruebas a los hombres a la hora de elegir entre la prudencia y la verdad. Lo cierto es que en el despojo que el gobierno militar le hizo a la Iglesia Católica, al arrebatarle un centro superior de estudios que para entonces de lejos era la más prestigiosa del país, el Cardenal Landázuri sólo se inclinó por el silencio, dejando la verdad para tiempos mejores.Así, como recuerda Uceda, Landázuri en sus memorias publicadas con el título “Recuerdos de un pastor al servicio de su pueblo”, pasa por el período militar sin escribir una línea sobre el salto de la institución al mundo laico. No obstante, acota Uceda: “El conflicto que resalta (Landázuri) es el que lo llevó a renunciar al cargo de Gran Canciller, en 1973, cuando, según escribió, ‘un profesor y alta autoridad quebró su matrimonio (entre la Iglesia y la Universidad) y contrajo otro compromiso’.”Con esas palabras Landázuri aludió al abogado Jorge Avendaño. Landázuri dixit: “Renunció a un cargo administrativo, pero persistió en retener la cátedra, lo que la universidad no evitó. Pensé que no podía avalar esta situación y renuncié a ser Gran Canciller”. Según Uceda, se dio en ese período (década de los setenta) “la mayor crisis entre la PUCP y la Iglesia Católica”, crisis que dura hasta hoy. Jorge Avendaño, figura especial de la Facultad de Derecho de la PUCP y quien hoy la representa legalmente, pudo –puntualiza Uceda– quedarse en la universidad por el apoyo de profesores y alumnos. Y si es un hecho conocido que Landázuri, poco antes de su retiro, aceptó volver a ser gran canciller, lo obvio es que tuvo seguramente sus razones para regresar, a fin de que el halo religioso no estuviera tan ausente en esa universidad.

Poco compromiso de algunos
Si bien Augusto Vargas Alzamora coordinó, como Arzobispo de Lima, con la Universidad Católica con el propósito de adecuar los Estatutos universitarios a ciertos cánones de la Iglesia, en esencia no avanzó más en cuanto a la adecuación del Ex corde Ecclesie. Otro hecho en contra de la verdad y de la posición de la Iglesia ocurrió cuando en 1993, el cardenal Vargas Alzamora quiso que el abogado Carlos Valderrama (profesor de la PUCP y especialista en derecho eclesiástico) represente al Arzobispado. Lo cierto es que Valderrama siempre apostó por ponderar más los intereses de la PUCP. Muchos creen que Valderrama lo hizo para conservar su cátedra. Pero lo cierto es que una aspiración particular como esa podría explicar, según nuestras fuentes, la interpretación jurídica que hizo en el sentido de que los albaceas, una vez designados, ejercen ese papel según su personalísimo criterio y de por vida. Al año siguiente (1994), terminaría la gestión del rector Hugo Sarabia y llegaría la era de Salomón Lerner Febres. Con el nuevo rector, Valderrama suscribiría el 13 de julio de 1994 el acta que declara a la PUCP en posesión absoluta de los bienes heredados y que debía continuar administrándolos conforme al testamento de Riva-Agüero del año 1933, con una junta perpetua pero simplemente para supervisar las mandas. El rector Lerner, de quien se dice que fue solícito miembro de la velasquista OCI (Oficina de Comunicaciones e Informaciones) abriría más las puertas para que la izquierda se entronizara en los puestos claves de la Universidad Católica. (mañana lea la segunda parte de este informe)
Rafael Romero
 
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