Mucha pena, magistrado Eloy



Cuando en la edición de EXPRESO del domingo 14 de mayo del año pasado, informábamos del ocultamiento del voto de un magistrado del Tribunal Constitucional (TC) en el caso El Frontón, por supuesto que sabíamos que se destapaba en el país un escándalo de proporciones.

No solo se trataba de que el tribuno Fernando Calle pidiera que se muestre la decisión jurídica de su colega magistrado Vergara Gotelli, sino que se descubría la modificación dolosa de una sentencia que tenía calidad de cosa juzgada y todo esto con el objetivo perverso de seguir enjuiciando a los marinos de nuestra Patria, acaso haciéndole un guiño a la subversión senderista que perdió en el campo armado del terror, aunque tanto ayer como hoy solo desea ganarle al Estado peruano en el ámbito judicial.

Pero renglón aparte de esa larga batalla por la justicia y la verdad, sucedió que la información revelada por este diario generó con fundamento el cuestionamiento a cuatro magistrados del TC desde el Congreso de la República, que ahora tiene que hacer frente a las reacciones furibundas del poder caviar nacional e internacional, al punto de producirse la injerencia acomodaticia y contraria a los intereses de la nación de parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pero en el camino recorrido se descubrió también la factura devaluada y la mentira de algunos de esos magistrados del TC, como es el caso de Eloy Espinosa-Saldaña, respecto de quien la Universidad de Buenos Aires ha dicho que no es doctor pero él indignamente se autotituló como tal cuando se presentó para postular y ser elegido como magistrado de dicha instancia del Estado peruano. Esta es una afrenta no solo para su apellido sino a todos los peruanos y por supuesto para la institución que representa, y que está encargada de interpretar la Constitución Política.

En consecuencia, el problema en el que está metido el magistrado Espinosa-Saldaña, dicho sea de paso de performance seudohumalista y gran amigo del reconocido caviar Francisco Eguiguren Praeli, quien también al final de su carrera jurídica se ha portado como un amanuense del nacionalismo humalista, sencillamente resulta inaceptable y ofende a la jerarquía de una entidad de la envergadura del TC.

En este preciso momento el propio TC y el Congreso de la República deberían aplicar los remedios pertinentes para casos graves e ilícitos que nacen del falseamiento de datos, como el de decir que se es “doctor” no siéndolo, a fin de sancionar al magistrado que le mintió a la nación. Por supuesto que también es deplorable el papel del presidente del TC, Ernesto Blume Fortini.










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