Reconciliación: ¿bajo qué términos?

  • Fecha miércoles 27 de diciembre del 2017 | 3:05 am
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Las palabras “reconciliación nacional” han sido usadas no pocas veces en las últimas décadas. Más recientemente, con ocasión de la vacancia presidencial, en uno de sus tantos y cortos mensajes a la Nación el presidente Kuczynski volvió a usarlas como apelando a una tabla de salvación para su mandato.

El gran reto ahora es entender bajó qué términos puede concretarse una reconciliación nacional pues no hace mucho vimos fracasar a una Comisión de la Verdad que durante el gobierno de Alejandro Toledo también recibió como apellido o segundo nombre el de la “reconciliación”, quedando con las siglas “CVR”, grupo de trabajo que debía documentar las causas y el desarrollo de la violencia en Perú.

Por obvias razones de sesgo político y por su conformación caviar y aliento mediático desde las cohortes internacionales de los mercaderes derechohumanistas, esa CVR fue un fracaso y solo dividió más a los peruanos, quedando al descubierto los objetivos subalternos de no pocas ONG de la izquierda peruana.  De otro lado, una facción senderista también ha hablado persistentemente de una supuesta “reconciliación” y de un desesperado “acuerdo político”, no dejando de pedir la libertad del asesino Abimael Guzmán y de los cuadros militares de Sendero Luminoso a los que eufemísticamente denomina “presos políticos”.

Ahora, a través de un video, el expresidente Fujimori también usa el término reconciliación, pero antes dijo que si hizo algún daño a un sector de peruanos, les pide “perdón de todo corazón”. Este es un gesto esperado por muchos, aunque otros ciudadanos no lo acepten debido a sus radicales y subjetivas inclinaciones ideológicas. No obstante, el hecho de haberlo declarado dos días después de haber recibido el indulto hace aparecer al líder del fujimorismo de que sí estaba contenido entre sus deseos hacerlo tan pronto como fuera posible, y en efecto ha ocurrido en un mensaje sincero que demuestra un ‘mea culpa’ no común en muchos políticos.

El gran reto ahora es cómo llegar a esa reconciliación y que no quede en meras palabras. Es necesario cerrar heridas pero será difícil hacerlo, sobre todo para un sector de peruanos que no deponen su ideología polpotiana, no deponen sus banderas para la lucha armada y no toleran la democracia ni el pluralismo político. Entonces no puede haber reconciliación sino solo con aquellos que aceptan el sistema democrático como modo de vida, como concepción política donde se respete la vida y la forma distinta de pensar del otro sin filosofías totalitarias de por medio. Por tanto debe quedar claro que no puede haber reconciliación con quienes pertenecen a doctrinas de muerte, del tipo nacionalsocialismo (nazismo) o del modo senderista.

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