PARTE DE LA REPARACIÓN DEL DAÑO CAUSADO

Ernesto Pinto-Bazurco Rittler: “Se debe restituir a diplomáticos cesados en 1992”

-Doctor, hace unos días usted se mostró a favor del indulto para Alberto Fujimori. ¿Sigue pensando en ese sentido?

Hace unos días en una entrevista en EXPRESO me manifesté a favor de la liberación de Fujimori, pero con base en la verdad y en aras de la reconciliación. Puse énfasis en que la necesaria paz política no puede darse si no hay reparación, ni en un clima de mentiras políticas.

-Hay mucha gente que se ha mostrado en contra de este indulto que ya se dio.

Hoy existe una protesta nacional, así como un rechazo internacional al acto administrativo de cuestionable valor jurídico con que se dio esta libertad a un exmandatario. Las consecuencias van mucho más allá de concederle una gracia a un preso. Hay que trabajar ahora por la unión de los peruanos. El camino más cierto es la reparación del daño causado.

-En el aspecto diplomático, ¿esta crisis política puede afectar?

Algo así como se hizo estos días con el cuestionado indulto, hace 25 años, aprovechando las fiestas, el 31 de diciembre de 1992 igualmente se realizó un atentado del Gobierno contra el Estado de Derecho y la institucionalidad. Entonces la dictadura que había cerrado el Congreso se las enfiló contra otra institución importante: la Cancillería, disminuyendo a casi a la mitad la capacidad operativa del Servicio Diplomático peruano. Esto sucedió con el llamado cese o separación intempestiva de 117 diplomáticos y la reducción en el tiempo de permanencia en el Servicio a otros muchos más. Las consecuencias inmediatas de un acto declarado ilegal fueron el caro conflicto con el Ecuador, que surgió meses después, cuando se había dejado libre el puesto de embajador de esa estratégica Misión Diplomática.

-¿Se verá afectado el Servicio Diplomático?

Las consecuencias de largo plazo no son poca cosa: tuvimos un Servicio Diplomático amedrentado. Y esto se refleja en el hecho de que –a pesar de que la corrupción en el Perú se manejó por canales internacionales– la diplomacia peruana no estuvo muy activa en descubrir o manejar información sobre casos de corrupción.

-Luego de esta crisis en la diplomacia, ¿cuál es la situación actual?

Hoy el Servicio Diplomático ha mejorado sustancialmente. Contamos con excelentes profesionales. Pero una normalización institucional solo se puede alcanzar con la reparación del daño causado por un acto arbitrario sobre el que se pronunció ampliamente nuestro sistema judicial. Es decir, con restituir el tiempo perdido en el servicio activo a los diplomáticos que fueron cesados.

-¿Qué le toca hoy al Perú?

Hoy el Perú ha entrado a una etapa que es impostergable: la gran conciliación nacional e internacional, lo que demanda habilidad diplomática superando la inercia a que estábamos sometidos.

-Esta conciliación de la que habla, ¿qué supone?

Para ello debemos confrontar algunos problemas jurídicos generalizados en nuestro país: no hay que confundir la justicia con la mera aplicación de la ley, o con el envío de personas o personalidades a la cárcel o sacarlas de ahí. En el Perú hay muchos abogados, correctos jueces, dedicados fiscales, laboriosos procuradores y eminentes magistrados, pero pocos juristas y, en contraste, escasa justicia. Los procesos demoran en demasía. Se acusa, se detiene a personas y se desprestigia con base en versiones o acusaciones de personas extranjeras involucradas en delitos. En otras partes del mundo la calificación de delitos se basa en la injuria, o sea en el daño real causado. Es decir, en la identificación del perjuicio. Eso va más allá de la ley o de una sentencia.

PAGO DE DEUDAS PENDIENTES CON INSTITUCIONES

-¿Cuál es el papel que le toca al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski?

Ahora tiene una oportunidad el actual Gobierno. Hay que conciliar reparando. Solo se puede pasar la página pagando deudas pendientes, principalmente en las instituciones tutelares como nuestro Servicio Diplomático. Si no hay justicia reparadora en una institución, esta pierde sustancialmente el equilibrio necesario en que se sustenta su eficiencia y ello es indispensable.


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