ELLA SE HABÍA CONVERTIDO EN UNA AMENAZA AL LIDERAZGO DE ABIMAEL GUZMÁN

Misteriosa muerte de Augusta La Torre

¿Asesinaron a “Norah” con cianuro como sostienen quienes investigaron su deceso?

Nunca se sabrá a qué se debió la muerte de Augusta La Torre “Norah” porque Abimael Guzmán y su siniestra cúpula se encargaron de desaparecer el cadáver y así facilitar que el cabecilla de la banda maoísta pudiera casarse con Elena Iparraguirre Reboredo (a) “Miriam”.

A continuación una serie de hechos poco conocidos sobre la extraña desaparición de la mujer que en la década de los 70 fue la activista de mayor arraigo y que impulsó el denominado “Movimiento de Iniciación de la Lucha Armada (ILA)”, que dio origen a Sendero Luminoso, la organización terrorista más sanguinaria del siglo XX.

Son diversos los testimonios que revelan que Augusta La Torre fue ejecutada por orden de Abimael Guzmán en complicidad con Elena Iparraguirre, quien en aquel entonces era su amante.

La principal razón –conforme a declaraciones de senderistas interrogados en marzo de 1992 en el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE)- indica que se debió a que “Norah” le estaba restando liderazgo al cabecilla de Sendero Luminoso.

No es cierto entonces lo que dijo Guzmán en la “Entrevista del Siglo” que publicó “El Diario”, que la matanza de Lucanamarca se debió a una decisión de la dirección central de SL que planificó la acción. Dicho estamento estaba compuesto por Abimael Guzmán, “Norah” y “Miriam”.

Quienes conocieron  a “Norah” aseguran que ella jamás estuvo de acuerdo con la siniestra matanza que arrasó con todo un pueblo incluyendo a los recién nacidos.

La masacre en mención suscitó largas y acaloradas discusiones entre Abimael y Augusta La Torre quien fustigó con dureza  a su esposo. Además, ella tenía discrepancias en torno al concepto que utilizaba Guzmán Reynoso para definir lo que se consideraba como “la dictadura del proletariado”, según reveló Tito Valle Travesaño.

Otro de los puntos de controversia en la pareja giraba en torno a la interpretación de la obra “El Leninismo”, de José Stalin. Los aspectos de cómo dirigir y mantener la conducción de Sendero Luminoso daban lugar a tertulias cuyo final era siempre incómodo para ambos cabecillas, según revelaron terroristas arrepentidos cuando fueron interrogados.

A criterio del exjefe del SIE, coronel del Ejército Peruano  en situación de retiro Alberto Pinto Cárdenas,  Abimael Guzmán- henchido de vanidad- abusaba de la retórica; pero el “cerebro” era Augusta La Torre.

Posiblemente, como lo sostienen numerosos analistas, al ver que el control de su organización criminal se le escapaba de las manos,  Abimael se habría coludido con “Miriam” para sacar del camino a quien amenazaba arrebatarle el liderazgo.

“Norah consideraba que los militantes no podían continuar entregándose incondicionalmente a tareas, disciplinas y estrategias por la sola orden del  presidente Gonzalo cuyas tácticas operacionales no siempre eran las más adecuadas”, advirtieron senderistas arrepentidos cuyos testimonios forman parte de los archivos del SIE.

EL VIDEO

El 31 de enero de 1991 agentes de la Dirección contra el Terrorismo (Dircote) encontraron un revelador video al incursionar en un inmueble de la avenida Buena Vista en Chacarilla del Estanque, lugar donde durante largo tiempo se ocultó Guzmán.

Las imágenes mostraban a una mujer cubierta con una banderola roja con la hoz y el martillo. El cadáver de Augusta La Torre era velado por el llamado “presidente Gonzalo” y su cúpula.

En un momento, el genocida contempla a su difunta esposa, alza el puño derecho y exclama: “ella fue capaz de aniquilar su propia vida para no levantar la mano contra el Partido. Ella, en su lamentable confusión, en su enfermedad nerviosa, prefirió aniquilarse antes de golpear al Partido”. Con esas palabras deslizó la  posibilidad del suicidio; pero quienes la conocieron afirman que era una mujer muy segura de sí misma.

Por su parte, Óscar Ramírez Durán (a) “Feliciano” en su libro “El Mega juicio de Sendero”, narra que a fines de noviembre de 1988 fue citado a Lima por Guzmán para  remplazar en el cargo a “Norah”.

Cuenta que le dijeron que ella se había suicidado ahorcándose con una soga y que no les creyó. Para él, Augusta la Torre pudo ser asesinada por dos motivos: primero, porque no estuvo de acuerdo con la militarización y el aniquilamiento de campesinos a los que Abimael despectivamente tildaba de “mesnadas”; y por  el triángulo amoroso que propició “Miriam” en el seno de la dirección senderista.

¿CUÁNDO MURIÓ?

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo murió “Norah”. Para Benedicto Jiménez, exjefe del Grupo Especial de Inteligencia (GIN), habría fallecido el 14 de noviembre de 1988. De otro lado, versiones dadas al SIE por terroristas arrepentidos en abril de 1992,  revelan que su deceso se produjo  durante el primer congreso de Sendero Luminoso  en febrero de 1988.

“Norah” falleció en circunstancias  en que se elaboraba el documento denominado “Programa General de la Revolución Democrática” que consideraba la destrucción de las estructuras del Estado y del sector productivo; así como la confiscación de propiedades privadas y el apoyo a grupos terroristas en otros países.

Documentos senderistas incautados y la confesión de “Feliciano” confirman que la extraña muerte de “Norah” dio lugar a que un grupo de subversivos, encabezados por Elvia Nila Zanabria Pacheco (a) “Juana”,  exigieran la formación de una comisión investigadora para indagar sobre el hecho.

Guzmán no se negó pero cuando su amante pidió los nombres de quienes la integrarían nadie se atrevió a conformarla. Inmediatamente “Miriam” obligó a los miembros del comité central a que realicen un manifiesto por escrito censurando a los dirigentes que apoyaron la iniciativa de “Juana” y dando lugar a una crisis partidaria.

Zanabria Pacheco fue castigada por haber tenido el atrevimiento y descaro de solicitar que se interceda ante la cúpula del Partido para que se forme la frustrada comisión. Ello le costó una severa llamada de atención y la suspensión de su estatus de “líder comunista” por seis meses hasta que “rectifique su insolencia”.

Luego, le exigieron firmar una carta de sujeción comprometiéndose a no tocar jamás el tema, de lo contrario, sería sometida a un juicio popular.

Meses después, en agosto de 1989, Abimael Guzmán envió una carta a Suecia donde vivía su suegro, Carlos La Torre Cárdenas, en la que escribió: “todo lo referente a nuestra inolvidable camarada Norah, se ha tratado en la última sesión de trabajo y al más alto nivel de la dirección por razones políticas y de secreto partidario”.

¿ENVENENADA?

En más de una oportunidad “Juana”  le había dicho a sus más cercanos “camaradas” que por las noches una solícita “Miriam” la hacía tomar a “Norah” unas cápsulas oscuras que, a criterio de los peritos de la policía, podrían haber contenido ácido cianhídrico (que se extrae fácilmente de las almendras) y es uno de los componentes del cianuro.

Carlos Tapia García, quien fuera cercano a Augusta La Torre (incluso se dice que tuvo una relación sentimental con ella), reveló en una ocasión que ella sufría de una afección renal que requería de un tratamiento especializado; pero estando en la clandestinidad, era imposible que se someta al mismo.

Los analistas presumen que fue envenenada haciéndole creer que, con las mencionadas cápsulas superaría del mal que padecía. Por información de  efectivos de la Dircote se sabe que inicialmente su cuerpo fue enterrado en el jardín interior de una vivienda ubicada en Comas.

Pero cuando llegaron los agentes a buscarlo se descubrió que  había sido trasladado a un lugar hasta ahora desconocido.

En su desesperación por casarse con Elena Iparraguirre, el genocida más cruel de los últimos tiempos enfrentó una muralla. Legalmente seguía casado con Augusta La Torre desde el 3 de febrero de 1964 y no poseía la partida de defunción que acreditase que era viudo.

No obstante nadie sabe con qué leguleyada consiguió que Oswaldo Espinoza López, titular del 32 Juzgado Civil, le diera un fallo favorable que le permitió contraer segundas nupcias.

El juez Espinoza dictaminó el 23 de julio del 2009 y, como nadie apeló a la instancia superior para que revoque la resolución, fue declarada consentida el 3 de septiembre del mismo año.

“¿Cómo puede el juez declarar muerta a Augusta La Torre si no tiene el cuerpo ni sabe dónde está?” se preguntó Carlos Tapia. “Para declararla muerta, Abimael Guzmán debió decir dónde están los restos. Tenía que hacerlo para que el juez la formalice legalmente como muerta y luego tener el derecho de casarse con Elena Iparraguirre”, agregó.

CÉSAR REÁTEGUI


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