FRANCO CHÁVEZ DÍAZ SE ENROLÓ EN “EJÉRCITO GUERRILLERO POPULAR”

Sendero captó a expolicía de Dircote

Participó en atentados y elaboró códigos para mensajes de Abimael Guzmán, afirman analistas del Servicio de Inteligencia del Ejército.



Es innegable que los primeros en caer combatiendo a las hordas asesinas de Sendero Luminoso fueron efectivos policiales, debido fundamentalmente al desconocimiento del fenómeno subversivo. Desde 1980 hasta 1982 esa fuerza del orden  –entonces conformada por las desaparecidas Guardia Civil, Policía de Investigaciones del Perú y Guardia Republicana- estuvo abandonada por sus muy limitados recursos.

En las zonas declaradas en emergencia, en Ayacucho y Huancavelica, con un solo helicóptero  y sin equipos de comunicación  ni camionetas, enfrentaron a un enemigo sin rostro camuflado entre la población. Eran años en que Sendero se paseaba ante la impotencia de los resguardos policiales, cometiendo actos impregnados de barbarie, especialmente contra las autoridades y dirigentes campesinos y acallando con la muerte a comunidades enteras que no aceptaban el irracional “pensamiento Gonzalo”.

En esas circunstancias fueron abatidos valerosos policías cuyos nombres pocos recuerdan. No obstante, se dieron casos en que por su extraña conducta, algunos miembros de esa fuerza del orden tuvieron que ser retirados de la institución y lo más reprochable es que algunos de ellos terminaron enrolándose en las filas criminales de la banda maoísta.

A continuación la historia de los hermanos Chávez Díaz que dejaron el glorioso uniforme  policial y se convirtieron en esbirros del “presidente Gonzalo”.

FALSO TAXISTA

Al atardecer del miércoles 18 de noviembre de 1987, Franco Chávez Díaz, excapitán de la desaparecida Policía de Investigaciones del Perú (PIP), salió de su domicilio, no sin antes advertir a sus familiares que no se preocupen porque se amanecería trabajando en el taxi de un amigo, que solía dárselo en alquiler por las noches.

Había sido pasado al retiro un año antes y desde entonces no tenía un trabajo estable. A veces laboraba como taxista y otras era contratado como “seguridad” por un reconocido  cirujano del Hospital Nacional Dos de Mayo.

Ese amanecer no retornó a su domicilio, en Comas. Fueron agentes de la Dirección contra el Terrorismo (Dircote) los que irrumpieron sorpresivamente en su vivienda y realizaron una exhaustiva búsqueda sin dar ninguna explicación. Horas más tarde se darían con la ingrata sorpresa de que Franco había  sido abatido durante el ataque terrorista a las instalaciones de  Automotores Nissan.

Pese a que su familia jamás aceptó que el expolicía tuviera vínculos con Sendero, los hechos demostraron que había participado en el atentado en el que resultó muerto. Por su parte, “El Diario”, vocero oficioso senderista, no vaciló en calificarlo como “valeroso integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo”, dándole el grado de combatiente que se alcanzaba luego de varias acciones terroristas.

Cabe recordar que cuando la familia Chávez Díaz sepultó en el cementerio El Ángel a uno de los hermanos, se alzaron varios brazos con el puño cerrado cuando el ataúd era depositado en su última morada.

RODRIGO FRANCO

Poco después, la Dircote determinó que Franco Chávez Díaz era parte del denominado  “Comando de la Zona Norte” que dio muerte a Nelson Pozo Calva, exsecretario de organización del Apra, y asesinó también a Rodrigo Franco, expresidente de ENCI, donde tuvo a su cargo el grupo de contención.

No obstante, a criterio de analistas del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), su mayor aporte a la cúpula genocida fue la creación de claves y códigos de comunicación que fueron de gran utilidad para la emisión de órdenes y consignas dadas directamente por Abimael Guzmán. El día que los agentes antiterroristas  efectuaron la requisa en su casa hallaron mensajes  sobre atentados que se iban a perpetrar.

De otro lado, las acreditadas militancias en Sendero de dos de sus hermanos ,uno de ellos fallecido durante el motín del Penal El Frontón y otra detenida en la prisión de Canto Grande, así como el hallazgo de un cuadernillo  en poder de su hermana menor con extrañas claves, que al ser descifradas  por expertos en criptología del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), resultaron ser mensajes senderistas,  pusieron en evidencia un cuadro familiar terrorista en el que Franco gozaba de un lugar singular.

INSOSTENIBLE

Mucho antes, cuando sus dos hermanos cayeron en prisión como militantes de la banda genocida de Abimael Guzmán, el excapitán PIP Chávez Díaz quedó –por decir lo menos– en una situación insostenible en su institución pues era integrante del Departamento de Búsqueda de la Dircote, de la que tuvo que ser separado por obvias razones, luego de ser sometido a una rigurosa investigación y posterior seguimiento.

Sin embargo, los mayores recelos recayeron sobre otra de sus hermanas, una cabo de la PIP, a quien posteriormente se sindicó de filtrar información clasificada y de orden “confidencial”. Ello dio lugar a que la cesaran, pero sin la formulación  de cargos específicos en su contra. Precisamente, un año después, fue pasado al retiro Franco  por sospecharse que tenía algún tipo de relación con Sendero.

VÍNCULOS DE MUERTE

El drama de  la familia Chávez Díaz empezó con la captura en Arequipa, en 1981, de Nery Alejandra Chávez Díaz, quien integraba la “célula sur de Sendero”, responsable de asaltos a comisarías y asesinato de policías en Cusco y Puno.

Nery escapó de la cárcel y fue recapturada en  San Martín de Porres, Lima, cuando integraba un grupo de aniquilamiento. Al poco tiempo la policía detendría a Segundo Alcibiades –su otro hermano–, cabecilla del “destacamento Oeste”, cuyos integrantes cometieron un atentado dinamitero contra una de las instalaciones de la fábrica Bayer y el ataque al local partidario de Acción Popular, en el que fallecieron dos personas.

CÉSAR REÁTEGUI







Top
Viaje de congresistas a Rusia genera descrédito

Viaje de congresistas a Rusia genera descrédito