EL TONEL DE DIÓGENES

¿ENCUESTOCRACIA?

Cada mes –si no antes– tenemos sondeos “a nivel nacional” sobre lo que la ciudadanía opina o piensa del gobierno de turno y sobre asuntos de la coyuntura política. Con diferencia de puntos más o menos, el consenso de las empresas encuestadoras es que en los últimos meses la desaprobación del Presidente de la República va en aumento y que en la actualidad rozaría el 80 % en todas las muestras demoscópicas. Si bien este desencanto no es distinto ni peor al que arrastran los otros poderes del Estado, resulta preocupante en particular cuando reiteradamente se pretende convertir estos sondeos en santa palabra para obligar al Ejecutivo a actuar de tal o cual modo. La Democracia no es encuestocracia y pobre el gobierno que se mueve a pie juntillas por lo que supuestamente “dice o piensa la gente”.

Sin embargo, el que las encuestas no sean infalibles ni menos verdades absolutas, no niega su valor relativo. Más allá de si uno cree o no en ellas, lo cierto es que estas constituyen una técnica y herramienta útil para analizar el sentir y humor de la opinión pública. Sus conclusiones reflejan la “fotografía del momento” que puede cambiar y de hecho cambia.

Dicho esto, es evidente que si medimos la gestión gubernativa en términos de confianza y resultados, se constata un notorio declive a la vuelta del primer año. Que hay razones que lo explican no existe duda. Allí están los efectos del nocivo caso “Lava Jato” y del nefasto “El Niño costero” por mentar los principales. Pero que también hay razones internas (por no mencionar propias) para el mal humor popular que se percibe no lo dudamos.

Tuvimos el honor de integrar hace más de diez años el Consejo de Ministros encabezado por el actual jefe de Estado. Entonces la desaprobación presidencial era parecida a la de hoy, pero la conveniente concertación en el Ejecutivo y la conjunción entre la gestión política y técnica y su comunicación pública permitieron concluir el gobierno con un alto índice de aprobación ciudadana. La fórmula: gestionar bien al Estado y al mismo tiempo comunicar adecuadamente sus resultados.

Esta receta no es novedosa ni fácil, pero es indispensable para asegurar la gobernabilidad del país, máxime en un escenario de confrontación política entre el Ejecutivo y la mayoría opositora del Congreso que como viene tendremos que soportar por cuatro años más.

¡Amén!

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