EL TONEL DE DIÓGENES

PERÚ Y ESPAÑA

El jueves pasado no sólo estuvieron en vilo los peruanos sino también los españoles y, muy especialmente, los catalanes. Por coincidencia, acá el Congreso decidía si vacaba o no al Presidente de la República por supuesta permanente incapacidad moral y acullá el electorado de la Comunidad Autónoma de Cataluña elegía su nuevo “Parlament” luego de la disolución del anterior por el Gobierno Nacional al amparo del artículo 155 de la Constitución. Si bien el origen de ambas crisis políticas y su desenlace constitucional son diferentes, nos dan pie para comprobar cómo, en diferente medida, el abuso de poder y la intolerancia ponen en riesgo, cuando no en peligro, el Estado de Derecho Democrático y Social de las naciones.

Aquí la nefasta confrontación entre el Gobierno y la mayoría opositora del Congreso, germinada apenas inaugurado el Régimen, llevó a esta última a promover al caballazo el procedimiento parlamentario de vacancia del primer mandatario cuando las presuntas “mentiras” que se le imputan exigían, en todo caso, una previa indagación ante la comisión congresal “Lava Jato” y el Ministerio Público con las garantías del debido proceso. Pero no, abusando del control político se persiguió la destitución “express” del jefe de Estado. Por fortuna, el arbitrario empeño fracasó y ahora corresponde al Presidente aclarar y demostrar debidamente la rectitud de sus actos, máxime después del polémico indulto humanitario que acaba de otorgar a Fujimori.

Allá, el diálogo de sordos y los yerros cometidos en la última década por el Gobierno Nacional y el de Cataluña, desembocó en la disolución de la “Generalitat” y la celebración de elecciones. Hoy, si bien estos comicios han dado por primera vez el triunfo a “Ciutadans”, partido de centroderecha y constitucionalista y castigado a la peor marginalidad al Partido Popular que gobierna España, también ha vuelto a colocar a los bandos nacionalistas y secesionistas al frente del incierto destino catalán. Contrario al “Gatopardo” poco ha cambiado y la crisis continúa.

Acá y acullá no es que falle el orden constitucional o la institucionalidad democrática. Acá y acullá, como diría Basadre, sobran podridos, congelados e incendiarios y faltan políticos dialogantes, tolerantes, honestos y desprendidos que, por lo menos, piensen en el país y empiecen a solucionar los problemas nacionales. ¡Amén!

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