EL TONEL DE DIÓGENES

SALVO MEJOR PARECER

El titular que reproduce una frase de antiguo, nos da pie para recordar la importante trayectoria periodística de Manuel Aguirre Roca (1927-2004). Hace pocos días se ha presentado un libro bellamente impreso que compila sus artículos, crónicas y reflexiones en la prensa escrita y televisiva a lo largo de casi 50 años. Don Manuel, en su faceta de comentarista del recordado noticiero “El Panamericano”, concluía sus columnas y críticas con el estribillo “Salvo mejor parecer” que convertirá en su marca registrada a través de su vida.

Por más que la memoria sea un valor escaso en estos lares, es imposible que se haya olvidado su ejecutoria de abogado y jurista en defensa del Estado de Derecho y la Democracia. La lección de vida que dio y legó como magistrado primero del Tribunal de Garantías Constitucionales y luego, muy especialmente, del Tribunal Constitucional desde el cual enfrentó enhiesto el atropello de la dictadura fujimontesinista, siendo después reivindicado por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y desagraviado por el país elevándolo justicieramente a la Presidencia de dicho Tribunal, constituye una de las páginas inolvidables de nuestra restauración democrática. Sin embargo, si algo faltaba en el recuento de esta existencia multifacética era su rica andadura periodística en el diario “La Prensa” y “El Panamericano” del Canal 13 de entonces, sin olvidar la infinidad de artículos publicados en otros medios de prensa. Hoy, ello quedó completo gracias al tesón de su querida Linda.

Apenas restan pocos renglones para intentar resumir el libro “Manuel Aguirre Roca, Periodista”. Preferimos, en cambio, citar un párrafo de uno de sus artículos de 1962 tan actual ayer como hoy y a quien le caiga el guante que lo chante: “Los políticos de oficio son una plaga. Pero los políticos, estadistas auténticos, son una bendición. Cuando se ataca a los políticos de oficio o politicastros, no se censura la vocación genuinamente política sino que se la distingue de la corrupción que sufre cuando se transforma en politiquería. El politicastro supedita el bien común al bien personal, y los intereses del país a los suyos propios. El político hace lo contrario”. ¡Amén!

 

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