EL TONEL DE DIÓGENES

SIGUE LA MAJADERÍA

Ya que la Comisión Lava Jato del Congreso insiste en la sinrazón, volvemos al tema.

El viernes pasado, la comisión investigadora de marras se ocupó de la respuesta del Presidente de la República al oficio remitido por este grupo congresal que lo emplazaba a comparecer y absolver el interrogatorio que se formularía según el temario alcanzado. En estricto, no era un cuestionario o pliego de preguntas pero, igual, el Primer Mandatario lo tomó así e insistió en la inmunidad que protege al jefe de Estado para no comparecer por esto hechos.

Después de darse cuenta de la contestación presidencial, la posición de la mayoría de congresistas fue que no se había enviado un interrogatorio; que las respuestas, en todo caso, eran contradictorias e insuficientes y que el Presidente debía cumplir con comparecer por razones jurídicas, políticas y hasta morales como si se tratase de un reclamo nacional. Al final, continuando con la matraca, aprobó dejar en stand by el escrito presidencial y solicitar la opinión consultiva de la Comisión de Constitución sobre si el Primer Mandatario está obligado a presentarse ante la comisión investigadora.

Los congresistas tienen un estatuto constitucional que regula su inmunidad, derechos y deberes y saltan hasta el techo si este es violado. Lo mismo ocurre con el jefe de Estado y el artículo 117 de la Constitución establece claramente las únicas causales por las que puede ser acusado durante su periodo gubernativo. La oposición parlamentaria, con pertinacia digna de mejor causa, sostiene que una cosa es acusar y otra citar en condición de testigo o investigado. Un sofisma. Quien no puede ser acusado a santo de qué jurídica y lógicamente tendría que ser sujeto de investigación y, peor, cuando vemos la facilidad con la que estas comisiones políticas pasan a los citados a calidad de investigados.

Hay algo más. Esta majadera insistencia parlamentaria desconoce el informe Nº 01-2016-2017 de la referida Comisión de Constitución y con la misma mayoría opositora cuya primera conclusión determina que en casos como este no procede investigar y menos acusar al Primer Mandatario.

Lo insólito es que el Presidente nunca se ha opuesto a absolver por escrito las preguntas y repreguntas de la Comisión Lava Jato. Solo basta que las formule, salvo que el objetivo o interés político que persigue sea otro. ¡Amén!

 

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