Alejandro Tudela Chopitea

Alejandro Tudela Chopitea

EL TONEL DE DIÓGENES

Acerca de Alejandro Tudela Chopitea:

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Un taxista en Lima

No es novedad que los taxistas sean, por lo general, un buen termómetro para medir la temperatura política, económica o social. En esta ocasión, se trató de un conductor extranjero –no damos más señas para no complicarlo–, y que terminó manejando en nuestro infernal tráfico porque quien lo “contrató” lo estafó vilmente con el cuento del empleo y ahora cuenta los días y las monedas que gana para poder salir de Lima y acariciar el sueño de unirse a su familia en EE.UU.

La verdad, la conversación que resumimos no se hubiese dado tan franca si el dichoso “Waze” o GPS del vehículo no nos manda directo a un descomunal embotellamiento antes de llegar a la Plaza Grau y del que salimos casi de milagro en medio de bocinazos y gritos: “Señor –dijo–, Lima es una ciudad moderna comparada con mi capital pero no me acostumbro a este modo de vida. Hay demasiada gente y demasiados vehículos y nunca había visto tal falta de respeto en las pistas. No entiendo por qué el transporte público invade los carriles de los automóviles y viceversa, por qué circulan vehículos en tan malas condiciones y, lo peor, por qué no se acatan las señales de tránsito, sobre todo los semáforos y la preferencia que tienen los peatones. Ayer, nomás, me mentaron la madre en el cruce de una avenida por parar ante una luz roja. Disculpe Ud., pero aquí falta mucha educación y pareciera que el peruano que es muy hospitalario, como lo demuestra su generosidad hacia los hermanos venezolanos, perdiese sus cualidades cuando toma el volante. Yo no me puedo acostumbrar a esto”.

Huelga decir que en este improvisado diálogo apenas participamos, salvo para entre condescendiente y avergonzado, comprender al desconcertado chofer que cayó para padecer en el caos limeño y lamentar que la otrora Villa tres veces coronada y jardín se haya convertido en este insoportable pandemónium. Al bajarnos, le deseamos suerte, mientras únicamente faltaba que alguien cantara la huachafada de “Limeño, sufre”. Gobierno y alcaldes: ¿hasta cuándo este infierno?. ¡Amén!

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