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Feminicidio: Cómo manejar la crisis – II

En el anterior artículo, hemos señalado que debemos acelerar los procesos y medidas de protección a las víctimas de feminicidio, sin embargo, cuando esta no es manejada a tiempo, las conductas se escapan de control, y puede calificarse como acto punible o de delito.

En efecto, las cifras sobre feminicidios en el país son alarmantes. En el primer trimestre del año, según la Fiscalía de la Nación, hubo 32 actos de violencia extrema y 82 tentativas, haciendo hincapié, que la mayoría son jóvenes de entre 18 a 34 años. Pero solo unas 1,053 víctimas se han registrado entre enero de 2009 y diciembre de 2017, lo que equivale a que cada mes se denunciaron 10 casos de violencia extrema contra las mujeres, en una cultura patriarcal que forma parte del concepto más amplio de violencia de género en una sociedad machista.

Sin duda a toda esta espiral de violencia contra la mujer, cuando las conductas se escapan de control ocasionado un hecho de castigo, ahí se inicia la tarea de los letrados o de los colegios de Abogados de toda la República, con el fin de informar y orientar a la opinión pública,  trabajando estrechamente sus asociados brindando aportes de responsabilidad social y defensa legal a la familia de las víctima, tanto con el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, así como con los Centros de Emergencia Mujer integrados en las comisarías a nivel nacional.

En tal sentido, debemos tener en cuenta que luego del hecho de violencia, el acusado por dicho delito que permanece en libertad, puede ser un riesgo para las víctimas y otras mujeres asociando las reacciones machistas a la injuria y a los actos contra el pudor, aplicándose medidas de protección a las agraviadas ya que el acoso no está tipificado como delito según la ley Nº 30364 que previene y sanciona la violencia contra la mujer.

Asimismo, otra causa de la violencia es el complejo de inferioridad; porque muchas personas al sentirse inferiores, por lo general buscan a personas con rasgos posesivos de cultura patriarcal, como parejas terminando la relación en violencia; pues una persona celosa es una persona enferma que requiere de tratamiento y no pretende el amor, sino simplemente el control de las personas a su alrededor.

En tal virtud, si queremos acabar con la violencia no solamente de género, sino también con todo tipo, debemos empezar a enfrentar el tema desde sus causas como son la formación de la conducta desde pequeños, y de ello todos los peruanos somos responsables, sobre todo los medios de comunicación, para promover buenas conductas y autorregularse las inadecuadas.

A lo señalado, hoy debemos empezar a sincerarnos para acelerar los procesos y medidas de protección a las víctimas, hacia una cultura de paz. Sin duda, este es un tema que debe abordarse con políticas de Estado que prioricen desde la infancia el respeto entre el hombre y la mujer, así como la educación en igualdad de oportunidades.

Escrito por: Dra. Flor de María Deur Morán

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