LA CRISIS DEL PODER (III)

De este modo, entendiéndose que son tres poderes, nos encontramos con la terrible circunstancia de que cada uno querrá prevalecer sobre los otros dos. aquí surge el gran problema, pues jamás se podrá salir adelante cuando cada cual tira para su lado.

Así, se presentan bochornosas situaciones que conducen al desprestigio. Si analizamos las encuestas, muestran a cada uno con un alto nivel de desaprobación y es porque –al no estar adecuadamente cumpliendo su cometido (legislar, ejecutar, juzgar) y a cambio de ellos en una actitud netamente política– quieren controlar los otros, vemos leyes durmiendo eternamente, obras sin ejecutar o juicios que perduran por años.

Si nos preguntamos qué requiere realmente el ser humano, la primera respuesta sería dinero, pero no es así. Ello es solamente un recurso para alcanzar lo netamente codiciado: ¡¡¡PODER!!!, y cuando se llega a él se ejerce omnímodamente, sin importar a quien afecte (o perjudique).

Ejemplo bien claro tenemos, cuando tiene su cuota de poder el que está tras una ventanilla, humillando prácticamente a quien espera ser atendido, o la secretaria de un ejecutivo cuando se convierte en una muralla difícil de vadear para hablar con su jefe, o el guachimán de una institución que impide el acceso. Todos ellos están ejerciendo su tan ansiada cuota de poder.

En la realidad actual peruana, vemos cómo un Legislativo arrogándose esa cuota de poder (sintiéndose independiente) quiere a toda costa someter al Ejecutivo para interrogarlo, o enjuiciar al Judicial. Por otro lado vemos a un Judicial sometiendo a prisión preventiva a diestra y siniestra y con mayor razón si ante él están expresidentes.

¡¡¡Qué satisfacción deben sentir por tener en el banquillo de los acusados a autoridades (actuales o pretéritas)!!! Debe sentirse a plenitud esa sensación de poder tan anhelada.

Pero el problema es que esa sensación personal y egoísta impide ver que –como consecuencia– se está entrabando la marcha de un país.

Si cada uno se preocupara responsablemente de hacer aquello para lo cual fue creado, tendríamos consecuentemente normas dictadas con responsabilidad que no necesitarían rectificaciones o derogaciones, obras ejecutadas cabalmente, que no se vinieran abajo con la primera lluvia o delincuentes sometidos a un régimen que les impida circular por las calles perjudicando a tranquilos ciudadanos.

En resumen –y para culminar esta trilogía– si los pseudo poderes entendieran que todos constituyen parte de uno, se complementarían (como las partes del anteojo) para ver en una sola dirección.

Claudio Alejandro Ferreira

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