POR LA RECONCILIACIÓN Y LA GOBERNABILIDAD

Solamente un mezquino, desprovisto de total objetividad, puede negar los importantes logros que el fujimorismo y sus colaboradores le supieron dar al Perú, de igual modo solamente un obtuso carente de imparcialidad puede no condenar los delitos que se cometieron durante la década del 90. El proceso político vivido en la década del 90 fue excepcional, único y esperemos irrepetible. Para bien y para mal, se acabó con el terrorismo, se insertó al país en el circuito económico mundial, pero también el país quedó gravemente escindido que ya lleva 17 años y amenaza con continuar.

Cierto es también que quienes con razón criticaron las tropelías ocurridas en la década del 90, en su crítica vieron la oportunidad para generarse réditos políticos aun a costa de saber que se vertían falacias en su análisis, no fue pues dar a conocer la verdad lo que les movió, fue el insano espíritu politiquero de buscar posicionamientos políticos. El tiempo nos ha dado la razón. Los sucesivos gobiernos instaurados desde el año 2001 hasta la actualidad, están inmersos en escándalos de corrupción. Aquí pues no hay leyendas, aquí lo que hemos visto son hechos concretos de corrupción, que tiene a los últimos cuatro presidentes investigados: uno de ellos junto a su cónyuge están presos, uno es prófugo y los últimos dos investigados.

De modo que 17 años después, la corrupción no solamente no se ha combatido, sino que ella ha sido promovida y alentada desde la cúspide del poder. El destino y la Providencia han querido que el denostado presidente Alberto Fujimori hoy esté libre.

Lo que queda claro es que no podemos llegar al bicentenario escindidos, urge cerrar heridas, sin que ello implique borrón y cuenta nueva. Ningún proceso de reconciliación puede edificarse sobre la impunidad ni de la mentira.

Y nuevamente el destino caprichoso y la Providencia han querido que sea Fuerza Popular y Keiko Fujimori quien deba liderar y construir la ruta por donde habrá que transitar hacia una verdadera reconciliación para la gobernabilidad. Si el padre nos liberó de la insania terrorista, la debacle económica y el caos generalizado, le toca a Keiko Fujimori y nuestra bancada numerosa tender puentes con las fuerzas democráticas para reconstruir la paz política interna y la gobernabilidad institucional sin impunidad.

Hay que cerrarles el paso a los anarquistas, a los facilitadores del caos, a quienes intentan subvertir el orden, este orden que nos ha procurado salir de la pobreza y un relativo bienestar económico, urge profundizar las reformas por el bienestar de todos los peruanos.

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