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LA SOBRERREGULACIÓN: UN MEDICAMENTO QUE NO CURA

En estos días se ha dicho mucho con relación a la compra de Quicorp (propietaria de las cadenas de farmacias Mifarma y Arcángel) por parte de InRetail (propietaria de Inkafarma). Al respecto, nos sorprende que algunas voces hayan propuesto mayor intervención del Estado, es decir mayor regulación (inclusive hasta control de precios).

En primer lugar, debemos tener claro que, en el Perú, nuestro modelo económico se basa en una economía social de mercado, donde el Estado promueve la iniciativa privada en libertad. Si bien, se proscribe el abuso de posición en el mercado, el tener una posición de dominio expectante y mayoritaria no es una falta per se, por el contrario, es un deseo natural de cualquier empresario.

En efecto, un empresario de cualquier índole busca tener la mayor cantidad de ventas posibles, y así tener una presencia significativa en el mercado. El problema radica cuando para concretar dicho fin se realizan prácticas ajenas a la buena fe empresarial o ejecuta prácticas ilegales. Por el contrario, si una empresa es eficiente, creativa e innovadora, y gracias a su esfuerzo consigue un posicionamiento expectante, ¿por qué debería ser cuestionada? En vez de ello, ¿no sería mejor que el Estado incentive el ingreso de nuevos competidores?

Por ejemplo, el Estado, en lugar de sobrerregular, debería facilitar y promover que nuevas farmacias ingresen al mercado, y que se generen incentivos de todo tipo para que pueda fomentarse la competencia, y evitarse el exceso de barreras burocráticas que cada año se interponen a laboratorios y farmacias por el cobro de ilegales derechos de tramitación.

Si bien el mercado farmacéutico es sensible y complejo, dado que obedece a variables específicas del sector, no debemos caer en ideas fatalistas que por muy solidarias que parezcan, solo terminarían por perjudicar la competencia, ergo a los consumidores.

En ese sentido, una regulación de precios de medicamentos es una idea que debe desterrase, toda vez que pone límites al empresariado, desmotivando la inversión y el crecimiento económico. Así, si el privado se desmotiva y no invierte en el mercado de laboratorios y farmacias por causa de una sobrerregulación, ¿estará el Estado en capacidad de poder responder esa demanda?

Evidentemente, la respuesta es negativa. En consecuencia, la receta ideal es menos burocracia y más competencia para un mercado saludable.

Ralph Sánchez Yaringaño

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