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No debemos decir todo lo que pensamos, sino pensar todo lo que debemos decir.

Sin conocimiento no hay paraíso

Es bastante aceptado académicamente y de modo más general también, que el conocimiento es la llave para el progreso y el desarrollo, no solo para una economía nacional sino también para las firmas. Esto mismo es válido para el desarrollo profesional de cualquier individuo.

Esta idea en realidad se ha sabido desde siempre, solo que ahora parece haberse redescubierto. Lo que sí ha sido destacado de modo enfático, y parece ser solo en estos tiempos, es que el conocimiento es un activo y como tal debe ser protegido. En realidad, en el juego de la obtención de la ventaja competitiva empresarial el conocimiento lo es casi todo. La incapacidad de administrar el conocimiento, de reconocer cómo las firmas aprenden o deben aprender y cómo se difunde ese conocimiento, puede afectar la supervivencia empresarial. Por ello, hoy como nunca antes “la creación, protección y utilización de aquel conocimiento difícil de imitar es central”. Esto es tan aplicable a una empresa como a un país, pues el juego de las ventajas estratégicas o competitivas también lo juegan los países. Si hay un país que no lo hace, comete un grave error.

Ahora bien, algo que se suele confundir mucho es conocimiento con información y administración del conocimiento con administración de la información. El conocimiento es mucho más que información, así se hable de big data. Esta última es data y afecta y configura, es cierto, tanto el conocimiento como las expectativas, pero el conocimiento es saber cómo y por qué funcionan las cosas. Este es mucho más potente empresarialmente. Además, el conocimiento es un flujo y a la vez un ‘stock’: es acumulativo, es cierto, pero también se deprecia y rápido, pues el nuevo conocimiento reemplaza al antiguo haciéndolo muchas veces de poca o nula utilidad.

El conocimiento lo generan las personas dentro de una organización, el equipo que han sabido conformar, y cómo se crea, despliega o fortalece no es circunstancial o cosa del azar o la casualidad. “En consecuencia, los activos de conocimiento y su gestión no pueden ser solo un apéndice menor de las formas tradicionales del pensamiento gerencial y económico.

En realidad, se encuentran en el núcleo de la ventaja competitiva”. Añadiríamos que no pueden ser un apéndice de las prácticas corrientes del gerenciamiento empresarial. Por ello los países y las empresas deben proteger y conservar a sus talentos, a quienes generan conocimiento, y aprender a gestionar el conocimiento. Se les va el futuro en ello.

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