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COLUMNISTA INVITADO

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No debemos decir todo lo que pensamos, sino pensar todo lo que debemos decir.

¿Y la Sunedu?

El presidente Kuczynski, cuando era candidato, participó en un evento que se llamó CADE por la educación, en su sétima versión, y deslizó la posibilidad de cerrar la Sunedu y derogar la nueva Ley Universitaria, al considerar que no son las vías adecuadas para garantizar una educación universitaria de calidad. PPK consideró que el mencionado organismo se constituye en una barrera burocrática.

Por ello es que planteó como alternativa que las universidades opten por la certificación ISO 9000, de tal manera que los jóvenes puedan elegir las casas superiores de estudios que cuenten con esta acreditación internacional. ISO 9000 es un conjunto de normas sobre calidad y gestión de calidad, establecidas por la Organización Internacional de Normalización (ISO).

En estos días el Gobierno debe decidir si continúa al frente de Sunedu la señora Lorena Masías y en esta decisión se juega la suerte de la Ley Universitaria y de ese organismo burocrático creado durante el gobierno de Ollanta Humala.

Dicen que el gobierno de Kuczynski no es más que la continuación del de Ollanta Humala y son decisiones como esta las que dan sustento y razón a una acusación tan dura, pero a la vez tan cercana a una realidad que debemos solventar los peruanos con nuestros impuestos.

Si Kuczynski no estaba seguro de lo que afirmaba cuando fue candidato, cuando menos le debe una explicación al país, debido a que  más de uno votó convencido de que terminaría con esta broma de mal gusto que se llama Sunedu.

Bastante razón tuvo Kuczynski candidato cuando propuso la certificación ISO 9000, como solución a un entrampamiento inventado por los sueños estatistas de algunos militares que encontraron en Ollanta, una suerte de reivindicación a los sueños velasquistas, cuando el dictador procuró tener el control de esas casas de estudios superiores.

La Sunedu es un gran cuento, una gran estafa para el país y es una lástima que un presidente, consciente del desastre que significan estos organismos burocráticos, propios de los países socialistas, permita que siga creciendo con el daño irreparable que le causa a la educación superior en el Perú.

Qué pena que Kuczynski sea otro más de los tantos gobernantes que se olvidan de sus promesas cuando eran candidatos, para apoltronarse en un sillón que no solamente le queda grande, por la enorme responsabilidad ética y moral que demanda, sino por la estrecha capacidad de reconocer errores y mucho menos de corregirlos.

Francisco Ugarteche Domínguez

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