El pueblo dijo no

Las reacciones ante la victoria del No a los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC en Colombia han generado un debate más polarizado y maniqueo en el Perú que en la tierra del café. Allá las opiniones de los protagonistas han sido ponderadas; coherencia en el presidente Santos, en el opositor Andrés Pastrana y hasta en Álvaro Uribe, tan destemplado crítico de las negociaciones.

Acá, en cambio, aprovechamos la ocasión para agarrarnos a “chavetazos” izquierdistas y derechistas: los primeros, con su habitual “desdén por lo popular” si decide distinto a lo que ellos piensan, han deplorado la “inconciencia” de los colombianos en dejar ir una paz esquiva hace 52 años y hasta han sugerido revertir el resultado en el Congreso.

La derecha ha arremetido contra los “rojos”, denunciando una conspiración comunista y la consumación de una inaceptable impunidad al terrorismo, al que no dejaron de comparar con la violencia interna que sufrimos en las décadas de los 80 y 90. Ni siquiera han faltado los pedidos de renuncia de Santos a la presidencia, cuyo periodo concluye recién en dos años.

Pero el No al referéndum es un mensaje del pueblo colombiano: no queremos la paz en estas condiciones y esta decisión soberana debe ser respetada por la comunidad internacional, tanto como comprenderse que algo intragable debió contener el acuerdo de paz para que Colombia rechace lo que avalaron el Papa Francisco y Ban Ki-moon.

Las 26 curules de oficio en el parlamento colombiano, la cadena de televisión, las de radio en cada provincia, la subvención económica a la cúpula daban la impresión, más que de amnistiar, de convertir a las FARC en un partido político con evidentes ventajas sobre los demás. ¿Un plan para la futura toma del poder? Esos puntos, sin duda, deben revisarse.

Lo positivo del resultado es la voluntad de continuar negociando, expresada en la invitación de Santos a la oposición a sumarse a ella. Ahora la pelota está en manos de los detractores del proceso de paz pues una amnistía como esta requiere necesariamente concesiones recíprocas: 260,000 muertos y tantos millones de vivos en las zonas de conflicto la claman, Colombia la necesita para lanzarse al mundo.

¿Tendrá la oposición colombiana la voluntad de renegociar la paz admitiendo concesiones imprescindibles a las FARC o buscará, por cálculo político, llevar el proceso a puntos muertos para hacerla fracasar? Esperamos lo primero.

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