AL FINAL DEL TÚNEL

LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD

Una de las razones del debilitamiento del sistema democrático es la captura de la Justicia por grupos de poder que la convierten en una herramienta más de coacción y coerción para saciar sus intereses, perseguir a sus opositores y manipular o maniatar el accionar de autoridades y ciudadanos. En las últimas décadas, la construcción de este reino de la impunidad benefició a quienes no sólo detentaban el poder burocrático sino a quienes buscaban servirse del Estado y medrarlo hasta más no poder, a sabiendas que -con la Justicia en sus manos- el círculo de la corrupción era un perfecto espacio para sus tropelías. Sin embargo, nada dura para siempre.

En el océano de la impunidad siempre aparecen islas de decencia y dignidad, impulsadas por hombres y mujeres que pese a la adversidad luchan contra el status quo y buscan ganar batallas estratégicas para que la Justicia intente recuperar su espacio. Así, hoy el Perú es un foco particular de atención política a nivel global. De sus últimos cuatro presidentes democráticamente elegidos en justas electorales, en los últimos 30 años (Fujimori, Toledo, García y Humala), el primero está con sentencia firme, el segundo con orden de captura internacional y en camino a su extradición, el tercero parapetado detrás de sortilegios judiciales rezando para evitar la confirmación de sus delitos, y. el cuarto, preso junto con su esposa a la espera del juicio final.

Y frente a este panorama se presentan varias lecturas para el análisis. La primera salta de madura cuando uno conversa con observadores foráneos. ¿Acaso los peruanos tienen esa irracional predilección por entregarles el poder a corruptos? Es difícil ejercer nuestra defensa, pero tal vez si uno hace una trazabilidad de la corrupción en el país, encontrará algunas respuestas que pueden ayudar a construir un perfil dominante no sólo del votante peruano sino del ciudadano latinoamericano: alta permisibilidad al ejercicio de la corrupción y desapego de los sentimientos y valores democráticos.

Una segunda lectura pasa por analizar quiénes se irrogan la representación de los ciudadanos y la forma cómo estos llegan a detentar el poder. ¿Qué clase de personajes promueven las instituciones democráticas como los partidos políticos, el Congreso, el Poder Ejecutivo y los entes electorales? Es evidente que la respuesta nos lleva a la siempre urgente necesidad de reformas estructurales en este terreno. Por lo tanto, si queremos luchar eficazmente contra la impunidad ataquemos certeramente estos dos flancos.

 

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