Juan Sotomayor

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Acerca de Juan Sotomayor:

Campaña electoral: ¿vale todo?

Dice un antiguo refrán popular que “en el amor y en la guerra todo vale”. A quien creó esta frase le faltó incluir las campañas políticas. Porque es sabido que en una contienda electoral no son pocos los candidatos y estrategas que hacen hasta lo imposible por ganar las elecciones. Lamentablemente, “hasta lo imposible” puede significar también ejercer prácticas que deberían ser desterradas: prometer lo que no se puede cumplir, plagiar planes de gobierno, emplear violencia contra los rivales políticos o sus seguidores, entre otras.

Una de estas malas prácticas que se encuentra muy difundida, a tal punto que ya parece algo normal, es lo que conocemos como guerra sucia, que se manifiesta de diversas formas: mensajes o volantes anónimos, insultos y difamaciones a través de las redes sociales, denuncias sin fundamento que solo buscan desacreditar, debilitar o vulnerar al rival político de turno, especialmente aquel que según los sondeos de opinión cuenta con la preferencia mayoritaria de sus electores.

Algunos medios de comunicación suelen prestarse para este juego, propalando denuncias tendenciosas, dando por ciertos hechos cuya investigación está en proceso y condenando públicamente a las personas antes que las autoridades competentes emitan un pronunciamiento oficial; todo ello a sabiendas que muchas veces el efecto de una nota periodística o un reportaje bien (o mejor dicho mal) armado puede ser mucho más nefasto que una sentencia condenatoria.

En estos tiempos donde la lucha anticorrupción es imprescindible y debe ser implacable, es un lugar común pretender descalificar al rival político de turno tildándolo de “corrupto”. Se ha manoseado tanto el término, con razón o sin ella, que la gran mayoría de ciudadanos concluye pensando que todos los políticos son corruptos y que todos deben irse a su casa. La gran perjudicada no es la candidatura de tal o cual persona, sino la propia institucionalidad democrática, pues se generaliza el descrédito, la desconfianza y el rechazo a la clase política en general.

Ahora que tanto se habla de reforma electoral, sería saludable encontrar mecanismos legales o de participación ciudadana que permitan combatir eficazmente y sancionar la guerra sucia. Quien quiera ganar las elecciones debería lograrlo por mérito propio, por sus propuestas, carisma o estrategia, pero no destruyendo la honra de los rivales. De no ser así, estaremos todavía muy lejos de construir una democracia madura y hacer de la política el principal instrumento de servicio a la comunidad.

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