Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

“A MÍ QUE ME REGISTREN”

Si nuestra clase política todavía no se da cuenta –o no quiere hacerlo– del fenomenal malestar social que ha generado –desde el destape de la corrupción fujimontesinista que permanece registrado en una antología de reveladores videos que sirvieron para condenar a muchas personas que aún purgan carcelería, hasta el descubrimiento de que los moralizadores Toledo, Humala, PPK, etc., hacían lo mismo, aunque apelando a modalidades más sofisticadas–, entonces que sepan de una vez por todas que nuestra sociedad está indignada con todos ellos. Aunque estaría de más repetirlo –pero urge hacerlo, porque pareciera que algunos aún no lo entienden– este país se sobrecalienta a cada hora, al comprobar que la gran mayoría de aquellos politicastros involucrados en multimillonarios delitos de corrupción y lavado de activos sencillamente se libran de la Justicia a base de solo argumentar “yo no sé nada”, “yo no recibí nada” y, además, “no existen pruebas”, como si los delincuentes dejasen impresas sus huellas digitales al tiempo de recibir comisiones y/o donaciones para sus campañas concedidas por empresas que luego contratan con el Estado obviamente a cambio de futuros favores. Sin embargo esta misma Justicia trata diferente al hombre de la calle, imputándolo, procesándolo y condenándolo por casos de infinitamente menor cuantía que aquellas toneladas de dinero que los políticos le han robado el Estado. Este trato preferente a la casta política ha avinagrado a la sociedad peruana, al extremo que –pese a que la procesión aún sigue avanzando por dentro– es probable que su justificada indignación se traduzca en protesta pública de enormes proporciones y de pronóstico reservado.

Es verdaderamente vergonzante y reprobable la conducta de moralinos como Ollanta Humala, Alejandro Toledo, Susana Villarán, PPK, etc., quienes usando la falsa bandera de la anticorrupción ejecutaron sus campañas electorales engañando a sus votantes. Porque de antemano todos sabían perfectamente que habían negociado con sendas empresas venales, que luego los utilizarían como instrumento para ganar licitaciones y, además, para lograr que estas pudieran ser cambiadas en el tiempo –vía adendas- incrementando el valor de sus “trabajos” y rebajando las obligaciones bajo las cuales fueron adjudicadas. Más aún, Humala no solamente fue sobornado por las empresas constructoras brasileñas sino que, además, fue coimeado hasta en dos oportunidades (las campañas presidenciales de 2006 y 2011) por un tirano –el impresentable Chávez– para imponernos un régimen de oprobio, como el de Venezuela. Tamaña desfachatez calificaría a Humala no solo como corrupto, sino como traidor.

Sin embargo, pese a ser consciente de la indignación social que campea en este país, el presidente Pedro Pablo Kuczynski se ha echado el alma a la espalda. Repite a cada momento: “A mí que me registren”, “Yo, Pedro Pablo Kuczynski, no he recibido dinero de Odebrecht ni de Barata”. ¿Acaso PPK nació ayer? Mientras la protesta callejera estaría a punto de estallar, ¿alguien con su recorrido puede alucinar que los peruanos se satisfacen con tan cansina coartada? ¿O con semejante tozudez, cuando repite que la Constitución lo ampara para no ser investigado por hechos ocurridos antes de ser presidente?

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