Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

INDISPENSABLE ATENCIÓN A LA INDUSTRIA

Durante décadas la opinión pública consideraba –con razón– que la industria nacional no solamente sobrevivía del subsidio –vía desgravación tributaria, y facilitándole una descomunal barrera arancelaria que hacía prohibitiva toda importación de productos extranjeros, factor que imposibilitaba la indispensable competencia en beneficio del consumidor–, sino que recibía trato privilegiado del Estado dentro de la teoría cepalina de imponer, a ojos cerrados. una industrialización dogmática so pretexto de agregarle valor a nuestra gigantesca producción de materia prima. Principalmente metales, maderas, así como productos hidrobiológicos.

Pero esta estrategia fracasó, debido a que las economías no se manejan mediante decreto sino en función de la competencia que da consistencia al mercado. Es decir, la industria prosperará en la medida en que sus productos sean cuando menos de similar calidad, precio, características, abastecimiento, etc., que los bienes producidos en el extranjero. Porque en toda economía de libre mercado –el mundo ha demostrado que es la mejor alternativa para generar progreso y fundamentalmente para beneficiar al público consumidor– los productos nacionales y extranjeros acceden a la economía formando parte de un estupendo mecanismo regulador de precios.

La formidable transformación que introdujo el año 1993 la reforma del Estado –fruto de la Constitución que desde entonces nos rige– destruyó el mito de la industrialización vía subsidios e impuesta por el voluntarismo político. En simultáneo, los industriales peruanos –exhibiendo una talla hasta entonces desconocida, tal como lo hicieron los agricultores luego que la reforma agraria destruyera el campo– lograron reinventarse apelando a la eficiencia, la modernidad y la competitividad como instrumentos para enfrentar la libre importación de bienes manufacturados. Sin embargo, en el curso del tiempo las variables econométricas han cambiado. Sobre todo a partir de la año 2011, cuando el desafortunado régimen humalista accedió al poder iniciando la destrucción de la economía de mercado, tras reintroducir el desorden como sistema debilitando el aparato productivo. Desde entonces la modernizada industria peruana enfrenta una coyuntura compleja que, de no mediar el Estado para reponer orden en la economía, podría tener consecuencias devastadoras para este estratégico sector.

Los industriales plantean un urgentísimo conjunto de cambios para poder recuperar la competitividad que se autoimpusieron desde 1993. Comprende desde una reforma laboral, que flexibilice las draconianas condiciones para contratar y despedir personal, asemejándolas a aquellas existentes en España, Chile y Japón, por ejemplo; una tributaria, que reduzca la altísima tasa –57.5 %– del impuesto a la renta que fomenta la informalidad y agrava la incompetencia; y otra administrativa, que elimine las barreras burocráticas –promesa electoral de Kuczynski– que paralizan el dinamismo requerido por toda industria eficiente.

El Gobierno debería prestarle preferente atención al pedido del sector industrial que, sin duda, constituye uno de los principales motores del empleo formal en el país, a la vez que contribuye de manera importante a dinamizar el mercado local y a movilizar el comercio exterior. Salvo que ocurra un giro copernicano, la fragilidad del Ejecutivo no le permite encarar transformaciones indispensables como las que propone la Sociedad de Industrias. Lamentablemente, esta es otra consecuencia de mantener el statu quo.

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