Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

KENJI, OTRA VÍCTIMA DE LOS CAVIARES

La política está plagada de rincones oscuros, de incongruencias abismales y de actos inexplicables. Se argumentará que la política “es el arte de posibilitarlo todo”. Cierto. Pero aquella palabra “todo” –esencialmente cuando se trata de pisotear principios y de transgredir fronteras que presumiblemente se establecieron como infranqueables- no debe (aunque en política sí puede) desembocar en cualquier escenario, por más controversial e incoherente que sea. Cierto es, también, que esto último posiciona a la política –a “esa forma de hacer política”- en la catacumba de la inmoralidad y la vileza.

Analicemos. La no vacancia del presidente Kuczynski tendría ilación con la libertad de Alberto Fujimori. Según la progresía caviar –fundamento ideológico de aquel cogollo político/mediático que soporta a PPK en palacio- Fujimori es esa hiena que asesinó a miles de inocentes terroristas y robó decenas y/o miles de millones de dólares al Estado, razón por la cual la Justicia caviarizada lo condenó, en la práctica, a cadena perpetua. En síntesis, a decir de la progresía caviar Fujimori es el Hitler sudaca que supera largamente los crímenes de lesa humanidad, las violaciones de derechos humanos y los niveles de corrupción históricamente alcanzados por los dictadorzuelos regionales. Incluido los Stalin latinoamericanos Fidel y Raúl Castro.

De otro lado la progresía traslada ese mismísimo ominoso pendón -corrupto y violador de las libertades y derechos del individuo- a la personalidad de Keiko Fujimori, hija de Alberto a quien combate en los términos más radicales, insultantes y vejatorios. Igual hizo la progresía con Kenji, el menor de los hijos de Alberto, a quien inclusive no sólo adjetivaba como furgón de cola de su hermana sino, además, le atribuía una condición de limitado en muchos aspectos, aparte de identificarlo como el engreído de papá.

Hasta que en 2011 Keiko decidió dejar en el desamparo a su padre, privilegiando su objetivo de estabilizar la candidatura presidencial. Keiko dejó de politizar la polémica liberación de Alberto Fujimori a cambio de judicializarla, imaginando que tal asepsia serviría para su objetivo. La progresía ni se dio por enterada de tamaño rompimiento con el pasado. Siguió incordiándola en los peores términos. A Kenji, mientas tanto, lo dejaba de lado posiblemente motivada por aquello de sus “limitaciones”. Pero éste acabó teniendo la mayor votación congresal registrada. Adicionalmente maduraba con los años. Desde entonces -actuando ¿inconscientemente? como amigo del régimen- Kenji se convirtió en instrumento político de la progresía utilizado para quebrantar el partido de Keiko y debilitar el poder que éste obtuviera en las urnas para controlar el Congreso con mayoría simple.

Hoy Kenji es sin duda herramienta del caviarismo. Pero además, alfil de su progenitor por cuya libertad haría lo que fuere. La progresía, que abominaba a Alberto, mañana, tarde y noche mantiene a Kenji con la expectativa de ver libre a su padre. Sin embargo paralelamente lo alienta para que dinamite a Fuerza Popular. Lo que ignora el bisoño Kenji es que, conseguido esto último –con su padre preso- en adelante será un simple rehén de esa progresía venenosa y traicionera.

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