EL MUNDO AL REVÉS

¿KUCZYNSKI QUERRÁ LIDERAR EL CAMBIO QUE NECESITAMOS?

A la sociedad peruana contemporánea le hace falta retornar a sus tiempos de éxito y progreso para ser nuevamente una población unida, emprendedora con norte definido. Hace 25 años cambió el Perú. De ser una nación en la quiebra económica y diezmada por un terrorismo diabólico que destruyó la mitad de su infraestructura y asesinó a más de 35,000 ciudadanos, pasó a ser un país pujante, orgulloso, seguro de sí mismo; un país libre, lleno de oportunidades. Sobre todo para las clases media y baja, que desde entonces se convirtieron en el gran motor de la economía cuando comprendieron que la mejor forma de alcanzar el progreso era apelando a formar empresa: esa aspiración dio origen al mundo milagroso de las pequeñas y medianas empresas que ahora empujan la economía nacional, dando empleo masivo y contribuyendo a formalizar el país. Fueron años mágicos de las privatizaciones que aliviaron al Estado de miles de millones de dólares de gasto corriente del Estado que, desde entonces, fue aplicado a la inversión social; del arribo de grandes capitales extranjeros que estimularon el crecimiento, al igual que modernizaron los métodos y sistemas de hacer empresa y, asimismo, propiciaron algo muy importante: la competencia en el trabajo. Esto pudo reflejarse de inmediato en la explosión de la demanda juvenil por acceder a un título universitario. Ello a su vez produjo sucesivas generaciones más capaces que, hasta la llegada del desafortunado régimen de los reos Humala, habían coadyuvado a generar más desarrollo en paz y libertad. Por desgracia desde entonces la economía nacional empezó a decaer. El dispendio de los fondos públicos fue un festín. Parte del estilo de gobierno de esos años queda reflejado en las esclarecedoras agendas de Nadine Humala. Las obras de infraestructura se convirtieron en botín del oficialismo. A partir de aquello los déficits reaparecieron, las cuadernas de la economía volvieron a crujir, y la sociedad se dio de bruces con esta realidad: la economía nacional había empezado a ralentizarse. Con ello los negocios –particularmente las pymes y mypes– resintieron sus actividades creándose un ambiente de inseguridad y temor frente a un probable agravamiento de las cosas.

Llegaron las elecciones 2016. 75% del pueblo optó por opciones de centro para devolverle al Perú el progreso en paz y libertad. El partido de Pedro Pablo Kuczynski que ganó el Ejecutivo y el de Keiko Fujimori el Legislativo. Mejor decisión imposible. Volvieron a renacer las expectativas ciudadanas… hasta que se instaló el régimen PPK. Secretamente Kuczynski pactó la transición con Humala. Como resultado la situación socioeconómica entró en tirabuzón. Por si fuera poco, las calles han vuelto a recalentarse con violentas protestas. Los cabecillas del terrorismo han comenzado a salir de las cárceles. El ambiente general se ha enrarecido. La frustración aflora rampante entre todos los sectores. La inversión privada ha caído ostensiblemente. El bolsillo de los ciudadanos claramente se ha contraído. Para prevenir una nueva crisis Perú necesita retomar su vigoroso talante de los años noventa al 2011. ¿Kuczynski será capaz de liderar esta cruzada?

 

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