Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

LA CONTAMINANTE CULTURA CHICHA

Evidentemente los peruanos somos una sociedad que, si bien pudiera no disfrutar de la suciedad, sin embargo sí convive con ella en una proporción abracadabrante. Salvo ghettos cada vez más expuestos a la extinción, todos los demás espacios no son ni remotamente limpios en nuestras ciudades. Prevalecen los basurales malolientes y las viviendas sin tarrajeo –carentes del más mínimo sentido estético y menos aún con alguna mano de pintura blanca, predominando entonces los colores tierra o el ocre del ladrillo–, campean las calles repletas de desperdicios e incluso las carreteras aparecen cada vez más regadas de residuos que vuelan con el paso de los vehículos.

Y a todo esto, la gente sencillamente ni pestañea. Considera que así es la vida en este afeado país, víctima de una cultura chicha diametralmente distante de nuestros antepasados artísticos del Incario. Y por supuesto que también las autoridades dan por hecho que este es el estatus que debe primar en Lima y en provincias. Vale decir, progresivamente nos estamos convirtiendo en una comunidad basurera, antiestética y hedionda. Culpa, repetimos, de esa cultura chicha de la que se ufana de formar parte la llamada clase emergente, bautizándola orgullosamente como “la gran convergencia de culturas que conviven en el Perú”.

Por si fuera poco, nuestros ríos –¿se les puede llamar así a los canales que surcan ciudades como Lima, donde salvo en épocas de estío, el Rímac, Chillón, Pachacámac, Mala, etc., son simples acueductos– sirven de botaderos para millares de viviendas, cuyos precarios ocupantes las han erigido ilícitamente en las riberas –que son terrenos públicos– y que, no contentos con echar sus desperdicios, rellenan aquellos cauces con bolsas y botellas de plástico que, cuando vienen las crecidas veraniegas, acaban contaminando nuestro mar en perjuicio no solo de las personas que acuden a las playas para solazarse del calor, sino que dañan irreparablemente la fauna hidrobiológica. Sin embargo ahí también la gente considera que esto –usar nuestros ríos como vertederos de residuos humanos contaminantes, y rellenarlos de materiales no degradables– es parte de nuestra realidad chabacana. Por supuesto a las autoridades ni siquiera les interesa ponerle coto a tamaño atentado contra la salud pública y el medio ambiente.

Sobre las inconmensurables cantidades de inmundicia y contaminación que año a año derraman en los ríos los invasores de terrenos ribereños, nadie dice una palabra. Ni el público, ni los burócratas de los ministerios de Salud, del Ambiente, y Producción (pesquería), siendo directamente responsables de generar políticas efectivas para prevenir y proteger a la ciudadanía y a la fauna ictiológica, aparte de supervisar y denunciar penalmente a los infractores. En este país chicha prima el todo vale. Porque simplemente no existe sanción ni condena para quienes infringen leyes fundamentales como las que preservan la higiene de la sociedad y el respeto por la naturaleza. Las ONG verdes se llenan los bolsillos culpando a la industria minera y petrolera de dañar el medio ambiente. Aunque jamás condenan a esa plaga ultracontaminante conocida como cultura chicha. ¿Por qué? ¡Porque no es un buen “business”, señores!

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