EL MUNDO AL REVÉS

LA LEY ES (¿O NO?) IGUAL PARA TODOS

LUIS GARCÍA MIRÓ ELGUERA

La libertad de expresión existe para aplicarse en el más amplio e irrestricto sentido. Este principio universal no debe ser patrimonio único de personas, grupos o colectividades. La comunidad LGTB tiene un punto de vista tan respetable, como el que tienen quienes piensan en las antípodas de esta. Por tanto quienes expresen opinión discrepante con el colectivo gay no deben ser maltratados con ataques difamatorios ni con virulencia de especie alguna. La Justicia se encarga de aplicar severas sentencias contra cualquiera que vulnere el derecho a opinar del otro.

Pero el colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) cree tener preeminencia sobre el resto de la sociedad. Dentro de su meta por continuar ganando espacios y beneficios, arrasa con la libertad de expresión de quienes se opongan a él. Pareciera que esta minoría (¿o acaso  ya es mayoría?) tuviera privilegios sobre el resto de los mortales. Según dicha comunidad –autodenominada “sector social vulnerable”- el hombre “moderno” no pertenece al sexo masculino ni la mujer al femenino. Refiere este colectivo que lo que existe son “géneros”. Desconocerlo merecería una implacable campaña mediática que desacreditaría, a través de cualquier medio -en particular las redes sociales que, inconcebiblemente, siguen estando al margen de la Judicatura-. a quienes ignoren los ukases de la nomenclatura LGTB.

¡Bienvenidos entonces al sectarismo de las lesbianas, los gays, transexuales y bisexuales! Quienes disientan de los “principios” y renieguen de las “ideas” de esta colectividad, sencillamente serán considerados como seres homofóbicos y repugnantes que atentan contra la sensibilidad de esta premiada comunidad.

Acaba de suceder con la norma aprobada por el Congreso que condena todos –entiendan bien, amigos lectores- todos los ataques que ocurran contra ciudadanos por razón de su raza, color, sexo, religión, etc. Hombres, mujeres y niños son todos idénticos ante la ley. No existen castas privilegiadas que merezcan mayor atención o prodigios ante las autoridades. A todos los pobladores debe tratárseles bajo idénticos parámetros. Sin embargo la comunidad LGTB ensambló una protesta -que fue magnificada a través de los parlantes mediáticos del políticocorrectismo- rasgándose las vestiduras porque esta norma no ha concedido mayor y preferente atención a su colectivo. Aduce, una vez más, que se trata de un segmento “más vulnerable” que el resto de la población. Todo tiene un límite. En este caso la valla constitucional sentencia que no debe legislarse a favor de determinado sector ciudadano, porque la ley es una y necesita ser igual para todos.

No obstante la comunidad gay considera que ello no es así, y ha expresado su protesta en tono amenazante. Está bien que reclame conseguir aquello que considere su derecho. Sin embargo si hay algo que debe quedar bien en claro es que estos derechos jamás deberán otorgarse bajo la amenaza del uso de la fuerza, ni tampoco sujetos a violentas vendettas personales –tanto físicas como emocionales- ni menos a través de campañas mediáticas difamatorias contra quienes piensen y opinen distinto al criterio del colectivo LGTB. Aquello trasgrede la norma y, como toda trasgresión, ésta debe ser castigada.

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