EL MUNDO AL REVÉS

A LOS HUMALA SE LES VIENE LA NOCHE

Las declaraciones de Rodrigo Tacla al diario El País son demoledoras para la tesis de Ollanta y Nadine Humala. Ambos confirman que, en efecto, recibieron US$3 millones de la constructora corrupta. Pero alegan que ese dinero estuvo destinado a financiar su campaña electoral “lo cual no implica delito según la ley electoral”. Aunque Tacla describe una cuestión dolosa que dinamita esa estratagema. Declara por ejemplo que “El primer contacto –que pactaba Odebrecht con aquellos postulantes a la presidencia de cualquier país prestos a ser corrompidos- se establecía en la campaña electoral. Odebrecht corría con los gastos de marketing político de los candidatos. Odebrecht le sugería después al candidato las obras que incluiría en sus planes de gobierno. En algunos casos hasta asesoraba a los países a través de organismos como el Banco Mundial o el BID.” Los Humala cargan con dos delitos. El primero, lavado de activos, al aceptar dinero opaco para blanquearlo vía campaña electoral; el segundo, cohecho, por cobrar fondos condicionados a realizar determinadas obras no planificadas por el Estado sino por el candidato ya a las órdenes de Odebrecht. Porque según el abogado Rodrigo Tacla –laboraba en el “Departamento de Operaciones Estructuradas”, centro distribuidor de fondos sucios para abonar los cohechos- Odebrecht no soltaba dinero por gusto. Sobornaba a los candidatos a cambio de forzarlos previamente a incorporar en sus programas de gobierno los proyectos y las obras que buscaba asegurarse la constructora venal. “Pago tu campaña si me garantizas las obras”. Consecuentemente esta explosiva realidad –la negociación pre concertada- fulmina irrefutablemente la premisa naif de los Humala.

Recordemos también que en una planilla incautada durante la intervención a la sede de Odebrecht aparece la anotación clave: “OH”, seguida de la cifra “4.8 millones de reales (equivalentes a US$3 millones), habiéndose determinado posteriormente, por las declaraciones de Marcelo Odebrecht, que OH son las iniciales de Ollanta Humala.

Sumando ambos extremos –la declaración del abogado Rodrigo Tacla y la confesión del dueño del circo, Marcelo Odebrecht- hoy los Humala carecen de coartada. Se cayó su defensa. La excusa de la ley electoral peruana simplemente se desvaneció. Ollanta y Nadine Humala receptaron dinero corrompido producto del crimen de lavado de activos. Seguidamente ambos continuaron –esta vez ya en una condición de actores- reincidiendo en el mismísimo delito de lavado de activos. Lo hicieron dedicándose a blanquear los US$3 millones pagados por Odebrecht (explícitamente admiten haberlos recibido) escudándose en una informalidad rampante para inyectarlos a la economía -como tan prolijamente se describe en las agendas de Nadine- escondiendo el saldo en efectivo o quizá en alguna cuenta bancaria a nombre de una offshore o de hombres de paja.

Apostilla. Tras delinquir lavando activos y receptando US$3 millones para incorporar ciertos proyectos a su plan de gobierno, Humala pactó las condiciones –“agendas”- que regirían una vez que Odebrecht hubiese ganado las licitaciones y/o concesiones, garantizándole una alta utilidad en la ejecución de las obras. Círculo cerrado. Pero las declaraciones de Tacla lo cambian todo. Porque aseguran la cárcel para los Humala.

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