EL MUNDO AL REVÉS

LOS PADRINOS DE HUMALA

La verdad es que el país viene degradándose por donde se le mire. Desde la política a la economía. Los niveles de confrontación son a cada instante mayores, mientras que el diálogo para solventarlo resulta cada vez más desdeñable. Asimismo los guarismos micro y macroeconómicos son cada vez más penosos, en tanto que las capacidades de los encargados de su administración exhiben día a día una lamentable involución.

Algo sumamente grave y peligroso ocurrió desde que el disparatado, incomprensible y necio régimen Humala capturase el poder, gracias a aquella grotesca e interesada campaña emprendida por dos padrinos políticos suyos -Mario Vargas Llosa y Alejandro Toledo- decididos a voltear el voto popular durante la elección en segunda vuelta. Los padrinos de Ollanta Humala alegaron que su patrocinado era moralmente muy superior a Keiko Fujimori, candidata a quien ambos promotores de Humala identificaran aviesamente con las prácticas corruptas e intolerantes de su padre. Falso de toda falsedad, como ha quedado plenamente demostrado. Porque Ollanta Humala, el apadrinado de Vargas Llosa y Toledo, transita ahora por el tenebroso camino de la Justicia imputado por un magistrado nada menos que por asesinato en serie, lavado de dinero y corrupción organizada. Los mismísimos crímenes por los cuales Alberto Fujimori, en la práctica, purga condena de cadena perpetua, s resultas del impulso vengativo de Toledo aupado por la ayuda internacional de Vargas Llosa. Y por si fuera poco, el “honesto” Toledo -eufórico avalista de Humala- hoy está con orden de captura internacional procesado por un fenomenal escándalo de corrupción que, obviamente, amigos como Vargas Llosa tratan de minimizar para ver cómo le ayudan.

Los casi seis años que median entre el nefasto resultado del ballotage que encumbró al censurable Humala y hoy, cuando Pedro Pablo Kuczynski se apresta a cumplir un año en el poder, lamentablemente ha sido tiempo más que suficiente para dinamitar la fulgurante trayectoria y la singular dinámica que alcanzara el Perú entre mediados de los noventa y julio 2011, cuando Alan García entregara el mando dejando atrás un país económicamente sobresaliente, tras cuatro sucesivos regímenes de gobierno de centro responsables de haber prevalecido, a lo largo de década y media, en aquel exitoso programa económico que generó el progreso del país como nunca antes ocurrió en su historia, permitiéndole reducir en 60% sus viejos indicadores de pobreza.

Cabe precisar que la gestión humalista, y nadie más que ella, es culpable del declive de nuestra economía y de la depresión en el estado de ánimo de la sociedad. Humala entró con la espada desenvainada atacando a la inversión minera, promoviendo con ello un incuantificable daño a la economía nacional. En el aspecto político se instaló en palacio, decidido a imponernos la reelección indefinida (acatando el ucase de su financista, el impresentable Chávez). Al no conseguirlo optó por la “reelección indirecta”, malgastando tiempo y mucho dinero de los contribuyentes en promover la candidatura de Nadine. Hoy estamos cosechando la tremenda catástrofe patrocinada por Toledo y Vargas Llosa. Apostilla, ¿por qué Kuczynski sigue prefiriendo no deslindar responsabilidades con Humala?

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