EL MUNDO AL REVÉS

MANOSEADO INDULTO A FUJIMORI

Ayer, súbitamente Kenji Fujimori dejó de ser la niña de los ojos del caviarismo. Ocurrió tras el indulto a su progenitor pactado bajo la mesa por PPK para evitar su vacancia el jueves pasado. En adelante la izquierda -progre y extrema- y partidos de centro como el Apra y AP enfilarán baterías contra Kuczynski, Kenji y el fujimorismo. Incluida Keiko, a pesar de que su bancada acordó vacar a PPK. ¿El gran ganador? Alberto Fujimori, la eminencia gris que esperó con paciencia oriental el momento oportuno: cuando Pedro Pablo Kuczynski atravesara una crisis insalvable. Como aquella terminante sesión del Congreso del 21 de este mes, mientras estaba a punto de ser declarado moralmente incompetente para gobernar y ser vacado de la presidencia. Fue entonces que su alfil Kenji movió los hilos en el hemiciclo para lograr que diez votos de un fujimorismo ya fraccionado evitaran la vacancia de Kuczynski. ¿El gran perdedor? PPK. Porque tiene ante sí un problema insalvable: los peruanos ahora ciertamente ya no le creen.

Hasta el sábado Kenji fue un instrumento del oficialismo, incluidos los caviares que se han apropiado del poder. La meta de Kuczynski y los progre era mantenerse juntos en el gobierno apelando a dividir la fortaleza fujimorista en el Congreso. Recordemos. A la semana de jurar al cargo PPK anunció que estaba “jalándose” a varios miembros de la bancada fujimorista. Tuvo que retractarse. Pero quedó bien definida su estrategia: quebrantar los 72 votos con que entonces contaba Keiko en el Parlamento. La ladina progresía identificó que Kenji tenía aspiraciones más allá de integrar su bancada. Fue el legislador más votado. A partir de allí los caviares empezaron a enamorar al hijo menor y engreído del exmandatario condenado precisamente por la progresía caviar. Como reseñábamos ayer, según los progre Fujimori es el Hitler sudaca que supera largamente los crímenes de lesa humanidad, las violaciones de derechos humanos y los niveles de corrupción históricamente alcanzados por todos los dictadorzuelos regionales. Incluido los Stalin latinoamericanos Fidel y Raúl Castro.

Pero aún hay más. Keiko, líder de Fuerza Popular, privilegió su ambición presidencial oponiéndose a utilizar el partido para liberar a su padre. Mientras Kenji abiertamente buscaba usar el poder político de la mayoría parlamentaria fujimorista para excarcelar a su progenitor. Entre ambos temperamentos Kuczynski y su aparatchik progresista decidieron incorporar a Kenji a palacio -en condición de “colaborador” del régimen- empleándolo como caballo de Troya para quebrar a Fuerza Popular a cambio de que Kuczynski indulte a Alberto Fujimori. Durante todo este año el oficialismo ha jugado con la liberación de Fujimori. Cada vez que surgía alguna coyuntura de inestabilidad para Kuczynski aparecía un trascendido sobre el indulto. Hasta que se presentó la oportunidad de oro para Alberto Fujimori. Kuczynski estaba a punto de ser vacado por el Congreso. Su hijito Kenji tenía cómo evitarlo. Canjearon favores. Alberto dejaría la cárcel y Kuczynski permanecería en la presidencia. Aunque no se sabe hasta cuándo. Porque ahora el problema para PPK es que la ciudadanía definitivamente perdió toda confianza en él.

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