Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

EL PAÍS ESTÁ SERIAMENTE DESCONCERTADO

Comentábamos ayer la progresivamente delicada situación del país. Porque ya no solo es el Ejecutivo el que continúa firmemente extraviado en el espacio, sino que ahora también resulta que el Legislativo ha perdido norte. Esto a raíz de la tesitura destructiva puesta de manifiesto por el presidente Pedro Pablo Kuczynski para resquebrajar el partido político Fuerza Popular y romper la unidad familiar de su líder –haciéndola pelear con su hermano y perder mayoría en el Congreso– como estrategia desesperada del mandatario para cubrir su frustración y falta de talla como estadista, privilegiando sus intenciones personales en vez de cuidar la estabilidad del país y el bienestar de los 30 millones de peruanos.

Es decir, el Perú navega al garete, inmerso en un pleito entre dos poderes del Estado fruto de la extrema debilidad de un régimen que jamás exhibió capacidad política, conocimiento del manejo del Estado ni tampoco liderazgo alguno. Y entonces, vencido por su torpeza, optó por serrucharle el piso al partido que más votos obtuvo en las pasadas elecciones, como angustiosa táctica para permanecer artificialmente en el poder.

Ahora bien, quedando establecida tamaña irresponsabilidad de cara al país –exteriorizada por el jefe de Estado Pedro Pablo Kuczynski– resulta evidente que la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, no ha sabido reaccionar con la altura de miras que exige un cargo como el que ejerce. No solo nos referimos a su incomprensible silencio en medio de la crisis que transita su partido –en año y medio ya va perdiendo trece de los setenta y dos legisladores originalmente electos que integraban la bancada congresal fujimorista, y su hermano Kenji se le ha envalentonado al límite de poner en entredicho el hasta hace dos meses contundente liderazgo de Keiko–, sino que Fuerza Popular, siendo todavía el grupo parlamentario mayoritario, hoy transpira grave falta de consistencia para comportarse como tal.

Porque es evidente que transcurridos dos meses desde la infraterna separación de Kenji y sus adeptos –motivada por aquel trueque bajo cuerda tramado por el presidente Kuczynski para salvarse de la vacancia, a cambio de indultar a Alberto Fujimori, objetivo filial que siempre fue la obsesión de Kenji–, Keiko no ha sabido dar la cara ante la opinión pública, fundamentalmente por respeto a sus votantes, para explicar cuál será su propuesta y la de su agrupación para solventar esta de por sí delicada coyuntura. Porque, dicho sea de paso, mientras más tiempo transcurra sin que aparezca la cabeza de Fuerza Popular, precisando su posición y explicando de qué manera manejará esta compleja crisis –si es pasajera o permanente solo el tiempo lo dirá–, lo que la opinión pública saca en claro es que la crisis de Fuerza Popular solamente tenderá a agravarse.

Si bien resulta censurable la tesitura divisionista del presidente Kuczynski –usada como tabla de salvación para no hundirse solo en la vorágine de desconcierto que ha sembrado en el Perú–, la ciudadanía se muestra disgustada por la actitud silente de Keiko Fujimori, de quien se esperaba que exhibiera aquel liderazgo que tanto proclamó.

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