EL MUNDO AL REVÉS

EL PELIGROSO SILENCIO DEL PODER

El silencio agrava la intranquilidad. Esto viene ocurriéndole a los peruanos tras aquel tsunami que arrancara con el ocultamiento de la verdad por el presidente Kuczynski sobre sus vínculos –personales o de sus empresas– con Odebrecht. Ocultamiento que luego quedó en evidencia con la declaración que dio el representante de Odebrecht en Lima a través de una carta dirigida a la presidenta de la comisión congresal Lava Jato. Esto sucedió durante la primera quincena de diciembre. Como consecuencia surgió la propuesta de vacancia por incapacidad moral permanente presentada por la izquierda, cuya admisión a debate fue apoyada por el fujimorismo, Apra y Acción Popular.

Días después el Legislativo convocó al presidente Pedro Pablo Kuczynski para que asista a brindar sus descargos en la sesión en la cual el Congreso deliberaría la aprobación o desaprobación de la vacancia. En simultáneo, con nocturnidad el expresidente Alberto Fujimori había presentado por enésima vez un pedido de indulto pero, asimismo, otro para acogerse al beneficio de reducción de la condena. Ocurrió lo que todos sabemos. Faltaron diez votos para alcanzar los 87 necesarios para vacar al mandatario, decena de votantes que, precisamente, pertenecían al sector de la bancada fujimorista que lidera Kenji Fujimori. Dos días después el presidente Kuczynski indultaba a Fujimori.

Desde entonces, salvo algunos “mensajes a la nación” lanzados por el Presidente -que no solo no aclararon nada las cosas sino que todavía las enredaban más-, el país está sumido en el mayor desconcierto porque, simplemente, el Gobierno ha enmudecido. La palabra del Presidente, como se sabe, ha perdido confiabilidad entre la ciudadanía. Y si bien ayer hablaron la primer ministro y el ministro de Justicia, evidentemente no se les escuchó una voz clara –ni mucho menos segura y convencida de la situación- como para tranquilizar a la sociedad.

La premier Mercedes Aráoz titubeaba, incapaz de transmitir un mensaje coherente y, sobre todo, contundente, de cara a la sociedad, mientras que el ministro Mendoza se enredaba entre fechas y datos relacionados con el proceso de indulto presidencial sin solventar las dudas que existen entre la población. Ni una palabra sobre qué objetivos tiene el Presidente para encarar la crisis fenomenal que ha producido con su cadena de medias verdades y grandes omisiones. ¿Cómo pretende gobernar el Perú sin apoyo político? ¿Cómo intenta seguir administrando el país sin respaldo popular? ¿De qué manera va a recomponer la confianza de la gente en su persona y en su gestión? Son cuestiones básicas pero fundamentales que hace ya muchísimo rato debió aclarar el propio mandatario. Aunque también los ministros que aún permanecen en el gabinete Aráoz que, leyendo la entrelínea del más reciente twitt presidencial, estaría a punto de colapsar para ser sustituido por otro que privilegia la “reconciliación”, palabreja calcada del mensaje del exmandatario liberado Fujimori. ¿Qué se cocina en las altas esferas de un poder resquebrajado pero que insiste en consolidarse a costa de todo, incluso provocando más malestar entre la ciudadanía al extremo de llegar a estratos que podrían atentar contra la estabilidad democrática?

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