EL MUNDO AL REVÉS (DONDE NADA EL PÁJARO Y VUELA EL PEZ)

PESE A TODO, SEÑORES, ¡BIENVENIDO 2018!

Por lo general los comentarios periodísticos en un día como hoy están regados de buenos deseos. Todo es esperanza, buenos augurios, alegría. La idea es dibujar el año que recién empieza como un dechado de rosas, a la vez que hacer un recuento de aquello que ocurrió en el año viejo criticando lo malo y ensalzando lo bueno. Es, en realidad, un cúmulo de buenos deseos mezclado con al análisis y la crítica –a favor o en contra- de lo ocurrido a la luz de cada uno.

Bueno pues, esta vez las cosas no pueden ser como dicta la costumbre. Estamos en medio de una vorágine claramente inusual. Acaba de frustrarse la vacancia del jefe de Estado de una manera que la opinión pública –el mejor jurado disponible- estima que ha sido non sancta. Y en simultáneo, como consecuencia de esa no vacancia ha sido indultado el ex presidente Fujimori. Dos hechos que, de por sí, marcan un año 2017 emblemático. Pero aquellos dos acontecimientos –ocurridos ambos en la última quincena de año pasado- vienen aparejados de un explosivo contenido de trances que abarcan desde la mega corrupción de Odebrecht hasta la impresionante ineptitud de la gestión Kuczynski para darle sentido a aquel gobierno que esperaban los peruanos.

Esta secuencia de sucesos incluye el cúmulo de incongruencias en las que habría incurrido Kuczynski respecto a su relación –directa o a través de sus empresas- con el consorcio Odebrecht. Incongruencias –y ciertamente faltas a la verdad- que a mitad de diciembre acabaron siendo puestas en evidencia por el representante en Lima de Odebrecht. A fin de cuentas, esto último gatilló el debate de la moción de vacancia presidencial por “permanente impedimento moral” del mandatario, debate que acabó siendo zanjado por acuerdo personalísimo entre el presidente Pedro Pablo Kuczynski y Kenji Fujimori, hijo del ex mandatario Alberto Fujimori, que resolvió la no vacancia del primero a cambio de indultar al segundo.

El problema es que empezamos el 2018 en medio de una incertidumbre política de proporciones tectónicas. En consecuencia, ¿cómo vaticinar un horizonte más o menos certero para el año que empieza si las cosas están tan patas arriba como las vemos? Una presidencia de la República pegada con babas. La reconstrucción del Niño en nada. Una mayoría congresal fraccionada. Un gobierno sin iniciativa.

Una economía estancada. Una sociedad inflamada por esa izquierda que siempre aprovecha la confusión para esconder su gigantesca podredumbre –los Humala y Susana Villarán, para empezar- y capitalizar réditos electorales a costa de crucificar al centro político acusándolo de corrupto y golpista. Por si todo lo anterior fuera poco, una “gran prensa” vergonzante al servicio del poder –político/económico- que perdona todos los errores del oficialismo. y una zurda que simultáneamente incordia a diario al centro ideológico. ¿Cómo digerir tamaña sopa de letras en un día como hoy, que deberíamos dedicarlo a evaluar lo malo del año pasado y, a la vez, a carburar qué nos traerá el Año Nuevo?

Sea Como fuere, 2018 no debería ser peor que 2017. ¡Salud!

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