EL MUNDO AL REVÉS

PIENSA MAL Y ACERTARÁS

Recuperados del impacto que produjo aquel espectáculo de contemplar a Ollanta y Nadine Humala –hace menos de un año esta parejita presidencial gobernaba el Perú- ingresar cada uno a una prisión; y asimismo sopesar la conducta del valiente juez a quien no le temblara la mano al momento de ordenar tan trascendental arresto, cabe repasar algunos hechos para evaluar la coyuntura.

Un ex mandatario –por más que su partido político quedara fuera de todo juego tras la decisión del soberano de castigarlo en las urnas en abril 2016- siempre tiene acceso a informaciones que desconoce el común de la gente. Con mayor razón tratándose de un ex jefe de Estado que encara un juicio monumental, como consecuencia de estar imputado por haber liderado una organización criminal dedicada al lavado de dinero. Y por si fuera poco, enfrenta otra acusación, en el caso Madre Mía, dónde se le acusa de haber sido el “capitán Carlos”, autor de un sinnúmero de asesinatos en masa. El hecho que el martes pasado el fiscal Germán Juárez Atoche pidiera prisión preventiva para él y su esposa indicaba que el ex presidente se encontraba al tanto de lo que se le venía después. Sin duda sus abogados han venido husmeando a diario los avatares en la Fiscalía; y asimismo fuentes policiales y políticas amigas de los Humala que, de una u otra forma conocen perfectamente los vericuetos judiciales, deben haber estado alertándolos. Tal vez esa sea la explicación del sospechoso y apresurado viaje de las hijas mujeres de esta parejita ¿El objeto? Presumiblemente evitar que presencien la captura de sus padres. Hay más. Como reza el aforismo, piensa mal y acertarás. Un típico recurso de quienes se enfrentan a trances delicados es victimizarse. Mejor aún si son políticos. En este orden de ideas no sería descabellado alucinar una jugada a tres bandas por parte de los Humala, aprovechando que todavía tienen grandes amigotes en las más altas –y también bajas- esferas del poder Judicial. ¿Cómo así? Escenificando una acto de martirio a partir de una sentencia –en primera instancia- que los conduzca al calabozo, sabiendo que en la sala Superior tendrían asegurada la revocatoria de la medida inicial dado que allí existen más posibilidades de ayuda por parte de vocales afines a la izquierda.

¿Qué obtendrían los Humala sacrificándose unos días en la cárcel? La victimización que automáticamente trae simpatías –tanto entre partidarios como detractores- y los enormes réditos que ella genera en el ámbito público. Calculan que el resultado sería un automático fortalecimiento de su “imagen”, con la consecuente “exhibición” de una musculatura político-mediática inexistente desde los comicios 2016. Con ello apelarían a la posibilidad de “cabildear” en el escenario judicial, calculando que con relativo éxito podrían conseguir la revocatoria del valiente juez Richard Concepción Carhuancho respaldados por una artificiosa “revitalidad partidaria” basada en la treta de entregarse a la Justicia -apelando al “quien no la debe no la tiene” e inmolándose durante algunos días en el penal- conscientes de que los salvará la corte Superior. Veamos qué ocurre.

 

 

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